Criterio maquillado
La extrema bipolaridad de la elección presidencial del próximo domingo 21 de junio sin duda arrastra consigo la realidad de que millones de colombianos votarán por candidatos con los que seguramente tienen diferencias o reparos sustanciales. De manera que, a la hora de apreciar el panorama político-social del país, más allá de las convicciones propias, siempre es importante entender los diversos ¿Porqué? detrás del voto de los diversos sub segmentos que componen la totalidad del caudal electoral de un candidato. Por más que fundamentalmente nunca pueda, en mi caso, compartir las razones que lleven a un individuo en cualquier circunstancia a votar por Iván Cepeda, si puedo decir con tranquilidad que en la gran mayoría de los casos, lo entiendo. Dejando a un lado el sinfín de bemoles que eso conlleva, quisiera dedicar mi atención en esta instancia, a una suerte de corriente argumentativa que ha hecho carrera en círculos de intelectuales auto bautizados. Aquellos quienes antes que nada declaran ser orgullosos demócratas y baluartes en la defensa y consecución de los derechos humanos y las conquistas sociales. Se trata de la condena de Abelardo De la Espriella como un fascista.
Esto, más que un ejercicio serio de análisis sobre el fondo del proyecto político que viene representando el cordobés, no es más que una instrumentalización de la expresión “Fascista” para sacar provecho a la tremenda negatividad emotiva que evoca. La utilización del término también tiene utilidad para su línea argumentativa propia, ya que, el mismo poder del calificativo les permite ubicar a Iván Cepeda como una figura más cercana al orden constitucional, y por tanto, establecer que representaría una defensa ante quien lógicamente resultaría una amenaza a ese mismo orden.
Más allá de su escasez a nivel de........
