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Se está acabando el primer trimestre: empieza uno clave para el país

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25.03.2026

Se está acabando el primer trimestre del año. Y con él, llegan los primeros resultados: metas que avanzan, indicadores que empiezan a marcar tendencia y decisiones que ya comienzan a mostrar sus efectos.

Si antes sentía que el tiempo iba rápido, este 2026 está volando. Hace poco estábamos definiendo proyecciones y hoy ya han pasado tres meses.

Entramos ahora a un trimestre determinante para el país. Más allá de la dinámica propia de cada empresa, organización o proyecto, Colombia enfrentará una decisión de fondo: la elección de nuestro próximo gobernante nacional. Un proceso que, aunque muchos prefieren observar a distancia, tiene implicaciones directas en la vida cotidiana de todos.

Porque la política no es ajena. Se refleja en la calidad de las vías, en la estabilidad de las reglas de juego, en el funcionamiento del sistema de salud, en la generación de empleo y, en general, en las oportunidades que existen o no, para avanzar.

Podemos no hablar de política, pero sus resultados terminan hablándonos a todos.

Hace unos días escuchaba a David Vélez – CEO de NU Bank –, quien planteaba una reflexión relevante sobre el rol del sector privado como generador de desarrollo y el papel del Estado como habilitador de ese proceso. En ese contexto, menciona una frase de Milton Friedman que vale la pena traer a esta conversación: “Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en lugar de por sus resultados.”

Esa diferencia es fundamental. En los últimos años, el debate público ha estado cargado de intenciones, narrativas y discursos. Sin embargo, el desarrollo de un país no se sostiene en promesas, sino en resultados medibles, sostenibles y verificables.

La evidencia es clara. Países como Singapur, Corea del Sur y Taiwán avanzaron cuando lograron alinear visión, ejecución y aprovechamiento de sus ventajas competitivas, apalancados en sus recursos y talento humano. A nivel nacional, ciudades como Barranquilla y Medellín muestran que, cuando hay articulación entre sector público, privado y ciudadanía, los resultados llegan.

Por eso, este momento exige mayor rigor en la forma en que analizamos y tomamos decisiones. Ir más allá de los discursos. Preguntar por el cómo, el cuándo y cuánto. Evaluar con datos. Y priorizar el desarrollo sobre cualquier narrativa basada en el resentimiento o la polarización.

Porque cuando el tiempo vuela, como está ocurriendo ahora, no hay espacio para decisiones superficiales. Las decisiones correctas, sustentadas en resultados, son las que realmente construyen el futuro.


© Vanguardia