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Cuando trabajar no es suficiente

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sunday

En Bucaramanga hay miles de personas haciendo todo bien: trabajan, cuidan a sus familias y luchan por salir adelante. Sin embargo, ese esfuerzo no les está permitiendo avanzar.

Esta realidad se muestra en el informe especial sobre pobreza bidimensional que entrega a la ciudad Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, el cual propone acciones concretas para transformar la vida de aquellos quienes no solo tienen ingresos bajos, sino que enfrentan múltiples carencias al mismo tiempo.

No estamos hablando de todos los pobres. Estamos hablando de los más pobres entre los pobres: más de 41.000 personas atrapadas en una situación más profunda y persistente. Sobre ellos, tres alertas:

Primera: la informalidad. Más del 95% de estas personas trabaja en condiciones informales. Segunda: las labores de cuidado limitan el acceso al empleo. El 58% de las mujeres jóvenes está fuera del mercado laboral, frente al 28% de los hombres; las primeras dedican 88% a realizar labores del hogar frente a un 35% de los hombres. La carga del cuidado es aún más dispar; ellas 31%, ellos 3%. Sin tiempo disponible, no hay empleo posible. Y tercera alerta: La pobreza se hereda. El 83% de estas personas presenta rezago educativo, apenas la mitad de los jóvenes completa la educación media y solo el 5% de los hijos accede a la educación superior.

Y hay un problema adicional: la pobreza se mide a escala metropolitana, pero se gestiona de forma fragmentada. Hoy no existe una estrategia articulada entre municipios ni un diálogo sostenido entre ellos.

La atención institucional se entrega por demanda y no por oferta; las bases de datos de beneficiarios no son interoperables, por lo que no se sabe cuántas veces una misma persona recibe distintos apoyos, ni existe seguimiento que permita evaluar si las intervenciones realmente están cambiando su situación.

En este contexto, las transferencias monetarias del orden nacional ayudan a aliviar, pero no transforman las condiciones estructurales, y además se han reducido en cerca de 5.000 beneficiarios.

Por eso, sin empleo de calidad, educación pertinente y sistemas de cuidado —sustentados en una transformación de la estructura productiva de la ciudad— la pobreza bidimensional seguirá siendo una constante.

La conclusión es clara, el problema no es la gente, es el sistema. Y mientras no lo transformemos, el esfuerzo seguirá estando… pero no alcanzando.


© Vanguardia