Sensatez: lo que está en juego es el país
Ya están sobre la mesa las principales candidaturas presidenciales con sus respectivas fórmulas vicepresidenciales. Entre ellas, la de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, ganadores de la Gran Consulta; una dupla que reúne carácter, honestidad y experiencia en dos personas distintas, reflejo de la diversidad de la sociedad colombiana; un equipo que, como lo ha dicho Oviedo, busca sumar en la diferencia.
En democracia es natural que existan distintas candidaturas, visiones y estilos dentro de un mismo sector político; la competencia hace parte del juego democrático y, bien llevada, fortalece las ideas y las propuestas. Lo preocupante es la forma como algunos sectores, particularmente cercanos a la campaña de Abelardo De La Espriella, han reaccionado frente a esta fórmula.
Pasan por alto que, tal como están dadas las cosas, habrá segunda vuelta presidencial. Es decir, finalizada la primera vuelta del 31 de mayo, quienes hoy compiten dentro del mismo espacio político seguramente tendrán que encontrarse, dialogar y trabajar juntos para buscar ganar el 14 de junio la presidencia.
Por eso sorprende que algunos prefieran el ataque personal o la descalificación anticipada. La política, cuando se deja dominar por los egos y las emociones del momento, termina generando heridas innecesarias que luego son difíciles de cerrar; y en una contienda tan decisiva como la que enfrenta hoy Colombia, ese tipo de fracturas solo debilita a quienes estamos del lado de la democracia, las libertades y el orden institucional.
Porque más allá de las legítimas aspiraciones personales y electorales, hay propósitos superiores que deberían unirnos; el principal de ellos es Colombia.
No podemos perder de vista a quién enfrentamos y qué es lo que realmente nos une. Enfrentamos al poder cargado de dinero, burocracia y acompañado de un peligroso populismo. Nos une el clamor ciudadano por más seguridad en las calles y en las regiones; nos une la urgencia de recuperar el sistema de salud que este gobierno ha puesto en riesgo. Nos une también la necesidad de enfrentar las causas estructurales de nuestros problemas, como la desigualdad, la pobreza y la exclusión; y la respuesta a estos males no puede ser la división.
Tengámoslo muy presente: si las diferencias internas se convierten en fracturas irreparables, el único beneficiado será el heredero político de Petro y aliado de las Farc.
La historia reciente de Colombia nos ha enseñado algo: cuando quienes creemos en la autoridad, en la iniciativa privada y en la importancia de la cohesión social nos dividimos, los enemigos de esta sociedad avanzan.
Por eso hoy la palabra clave es una sola: sensatez. No se trata de una campaña; lo que está en juego es el país.
