No mentir, no robar, no traicionar
“A la política le falta una buena dosis de moral”, “la política implica irremediablemente el juego sucio”, “desconfíe de los políticos, todos son corruptos”. Estas son expresiones populares que con asiduidad se escuchan por estos tiempos de elecciones. En relación con esta preocupación de la gente, hace cuatro años el lema de campaña de Rodolfo Hernández rezaba: “No robar, no mentir, no traicionar”, lo cual nos viene hoy como anillo al dedo.
Por medio de la política se regulan las interdependencias entre los grupos humanos, las comunidades, los pueblos y las naciones, a través de los partidos políticos, sindicatos, grupos de presión u organizaciones que pretenden llegar al poder. El objetivo de estas organizaciones siempre debe ser la búsqueda del bien común, sustentada en la moral pública y la ética política. Por esta razón vale la pena traer a colación este lema, dado que estos valores deberían ser la condición mínima por cumplir en cualquier gobierno.
Robar es apropiarse de lo ajeno contra la voluntad del dueño, utilizando la violencia, la intimidación o el engaño. Analizando lo sucedido en este Gobierno, sorprenden hechos tan graves como el robo en la UNGRD, estimado en más de $100 mil millones de pesos del dinero destinado para las poblaciones más necesitadas en épocas de desastres, entre otros.
Mentir es utilizar la palabra para engañar, ocultar la realidad o evitar las consecuencias de una mala acción. Escandalizan las mentiras del actual Gobierno sobre viajes, ausencias, logros, supuestos fraudes electorales, aparentes compras de aviones chatarra y afirmaciones contradictorias en manifestaciones en plazas públicas y medios de comunicación.
Traicionar es ser desleal, es romper la confianza y lo pactado con otros, es faltar al respeto por la dignidad de quienes nos han entregado una encomienda. En quienes hoy gobiernan hemos visto la traición a la patria en hechos como la compra de parlamentarios, el nombramiento para el desempeño de altos cargos a personas sin ninguna preparación técnica ni idoneidad profesional —cuyo único mérito es el activismo de la ideología de moda— y la puesta en peligro de instituciones fundamentales para la salud y el desarrollo económico de nuestro país, por citar algunos ejemplos.
En política, hacer las cosas bien es un deber ineludible y solo puede ser producto de hombres y mujeres esencialmente buenos. Pero dentro de los gobiernos existen individuos que solo intentan conseguir, a través de los cargos públicos, lo que quieren o lo que les conviene por interés propio; como camaleones, cambian de disfraz y aparentan ser buenos y cumplidores de la moral política frente a sus electores. Cuidado, los lobos usan piel de oveja.
Por: Martha Lucía Flórez de Jaimes
