menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Luswing y Damián, ¡socios honorarios!

8 0
21.12.2025

Compartir

Desde que mi padre Roberto Zarruk me llevó de la mano al Club Campestre, me di cuenta cómo trataba a los caddies de golf, a los meseros, a las personas que trabajaban en dicho centro deportivo. Cuando fuimos creciendo, mi hermano, mis amigos y yo, jugábamos fútbol con ellos y esos partidos que se realizaban al atardecer incluían ‘pata’, discusiones, apuestas de gaseosas, sándwiches combinados y empanadas; casi siempre ganaban ellos y a pesar de los alegatos, nos íbamos abrazados porque ellos siempre nos vieron como sus amigos, muy a pesar de ser hijos de algunos socios del club. Ni mis amigos, ni mi hermano, ni yo, éramos hijos de ‘papi’ y mami, ¡nada de eso! Siempre los miramos de igual a igual, jamás por encima del hombro.

En dicho escenario social, al primero que nos encontrábamos era a Carlitos, un portero al que nadie se le colaba. ¡Conocía al perro y al gato! En diferentes sectores del club, estaban personajes como........

© Vanguardia