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Sobrevivir a la frustración

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21.02.2026

«Nos estábamos odiando con nuestras listas de cosas por hacer», menciona el protagonista de La uruguaya, escrita por Pedro Mairal, al referirse al derrumbe de su vida. Esta, la cuarta novela del escritor argentino, fue galardonada con el premio Tigre Juan en 2017 y publicada ese año por Libros del Asteroide.

Cuenta la historia de Lucas Pereyra, un escritor argentino que viaja a Montevideo por dos motivos: para cobrar quince mil dólares de un par de adelantos editoriales que recibe por unos libros que va a escribir en los próximos meses, y para encontrarse con su amante uruguaya, Magalí Guerra, a quien conoció un año atrás en un Festival Literario en Valizas. La novela narra un día completo del protagonista, desde que embarca el ferry para atravesar el río de la Plata hasta que vuelve a su casa esa misma noche.

Un año después de aquel viaje a Montevideo con el que pretendía evitar las restricciones cambiarias de su país, Lucas le cuenta a su ex-esposa, Catalina, con un lenguaje coloquial, en segunda persona del singular, lo sucedido en forma de confesión. Las dudas se habían disipado.

La incertidumbre sobre la fidelidad de ella, pues él pensaba que le era infiel con un médico de su lugar de trabajo, su paternidad angustiante, su frustración de no poder proveer eficientemente y la humillación de ser el bohemio en una manada de empresarios completan un relato cómico sobre la derrota personal.

El humor aparece a lo largo de la novela principalmente a través de una ironía ácida y autocrítica. La narración transforma sus patéticas desventuras en situaciones cómicas y, a veces, absurdas. El humor no busca carcajadas, sino generar una reflexión distanciada sobre sus propias frustraciones.

Es una novela sobre la insatisfacción que expone la crisis económica, la crisis conyugal y la crisis de la mediana edad. Cuando nos damos cuenta de la diferencia que hay entre lo que nos hubiese gustado ser y lo que realmente somos, nos adaptamos mejor a nuestras posibilidades. Así las cosas, el autor remata con esta frase: «Supongo que la idea de familia se transformó. Tiene algo de bloques combinables. Cada uno la arma como puede».


© Vanguardia