¿Qué mantiene viva la pasión por enseñar cuando todo empuja al desgaste?
Ratios elevadas, burocracia creciente, cambios normativos constantes, falta de tiempo para preparar bien las clases o atender al alumnado como merece. El malestar docente no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural que acaba afectando a la calidad educativa en su conjunto. Así lo muestran los estudios e investigaciones realizadas, a través de diversos organismos, a docentes españoles, en los que resultan preocupantes los altos porcentajes vinculados a ansiedad, estrés laboral y conflictividad en el ámbito educativo.
A pesar de ello, en los mismos centros también hay docentes que, pese a la presión, mantienen una energía y una implicación admirables. Disfrutan del aula, innovan, se comprometen con su alumnado y encuentran sentido en lo que hacen.
¿Qué explica esta diferencia? Desde la psicología se apunta a un concepto clave: el engagement, vinculación o implicación docente.
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Esta implicación no equivale a “echarle ganas” ni a trabajar más horas. Se trata de un estado psicológico positivo y persistente relacionado con el trabajo, caracterizado por tres componentes: vigor (energía y capacidad para resistir las dificultades), dedicación (entusiasmo, sentido y orgullo profesional) y absorción (una implicación tan profunda que el tiempo parece pasar sin notarlo cuando se enseña).
Un docente que alcanza este grado de engagement con su labor no solo cumple el currículo: se siente conectado con su trabajo y con las personas a las que enseña. Esa conexión se asocia con una mayor calidad educativa, un mejor clima de aula y una huella........
