Los animales que nos comemos se alimentan con soja, pero hay alternativas más sostenibles
España es el primer productor de piensos de Europa: 27 millones de toneladas anuales, con Cataluña como la principal región productora (16 % de la producción estatal). ¿Pero de dónde salen los ingredientes? Mientras que los cereales base de esos piensos –trigo y cebada– se cultivan mayoritariamente en España, su aporte de proteínas se soluciona con soja, importada principalmente de Brasil y Estados Unidos.
En este contexto, el sector de la alimentación animal tiene un peso económico importante, al conectar directamente la producción agrícola con el sistema ganadero y, en última instancia, con el consumo humano de proteína animal. Sin embargo, su impacto ambiental tampoco es desdeñable. Concentra cerca del 62 % de las emisiones de toda la cadena de valor de la producción cárnica y es el principal contribuyente a la huella de carbono del sector.
Impacto geopolítico y ambiental
Como apuntábamos, la soja se ha convertido en la principal fuente de proteína utilizada en piensos, gracias a su elevado contenido proteico, su perfil equilibrado de aminoácidos y su alta digestibilidad. Es extraordinariamente eficiente desde un punto de vista productivo, sin embargo, genera importantes retos desde una perspectiva ambiental y geopolítica.
Más allá de su cultivo, su mayor impacto comienza incluso antes de que germine la primera planta. Para satisfacer la demanda mundial, se producen cambios en el uso del suelo: ecosistemas con gran biodiversidad como selvas y bosques se transforman en grandes extensiones de monocultivo, a menudo, mediante procesos de deforestación en países del Sur........
