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El pueblo indígena wounaan ha hecho frente a la tala ilegal de palo de rosa y a siglos de explotación con sabiduría y belleza

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05.08.2026

Durante milenios, el pueblo wounaan, que habita en algunas zonas de lo que hoy son Panamá y Colombia, ha tallado y esculpido diversos tipos de madera. El palo de rosa cocobolo, Dalbergia retusa, es especialmente apreciado para la talla de bastones ceremoniales utilizados en la medicina tradicional y en el arte comercial que representa plantas y animales tropicales.

Los wounaan son solo uno de los pueblos de todo el mundo que han utilizado los palos de rosa para fabricar una amplia variedad de artículos, entre ellos culatas de armas, muebles e instrumentos musicales. En la actualidad, hay más de 140 especies de árboles que se comercializan como palos de rosa, todas ellas de una madera lustrosa y densa que, por lo general, tiene un tono rojizo.

Desde finales de la década de 2000, la demanda mundial de palo de rosa superó la oferta legal. Estas hermosas maderas se convirtieron en inversiones populares, especialmente durante el auge inmobiliario en China, así como en maderas tonales de gran renombre, utilizadas en la fabricación de instrumentos musicales. Para 2012, el valor del cocobolo en China se había disparado hasta superar los 13.000 USD por metro cúbico. Hoy en día puede costar tres veces más, un precio considerablemente superior al de, por ejemplo, el roble rojo, que ronda los 1.500 USD por metro cúbico.

En 2011, algunos madereros empezaron a talar de manera ilegal árboles de palo de rosa en los bosques maduros del este de Panamá, hogar del pueblo wounaan. En Panamá, la mayoría de los wounaan y muchos emberá no cuentan con derechos legales sobre esas tierras boscosas, pese a haberlas habitado por generaciones. Tras la invasión de los taladores ilegales, las autoridades wounaan elegidas por sus comunidades presentaron denuncias ante diversos funcionarios panameños tanto locales como nacionales, al tiempo que buscaban el apoyo de la prensa y de la opinión pública.

Pero este fue apenas el comienzo.

Durante esa primera temporada de tala se dio un enfrentamiento de tres meses entre los madereros ilegales y los miembros de las comunidades wounaan. Un maderero asesinó a una autoridad tradicional elegida, hapk'ʌʌn Aquilino Opua Puchicama. En respuesta, el maderero, Ezequiel Batista, fue asesinado.

Los wounaan comprendieron que los madereros estaban dispuestos a matar con tal de obtener el palo de rosa.

Durante los cuatro años siguientes, la tala ilegal fue intensa. En 2014, el pequeño Panamá ocupó el puesto 16 en el mundo por el volumen de madera en rollo vendida a China y el puesto 11 por el valor de la madera. Ese año, China registró la importación desde Panamá de 10.827 metros cúbicos de troncos de palo de rosa y 4.731 metros cúbicos de madera aserrada de palo de rosa, valorados conjuntamente en 55,5 millones de dólares estadounidenses. Antes del auge del palo de rosa, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza había clasificado el cocobolo como «vulnerable, con un alto riesgo de extinción en estado silvestre». Sin embargo, en 2019 fue reevaluado como «en peligro crítico de extinción».

Esa es una forma de contar la historia: como una secuencia más o menos lineal de acontecimientos trágicos y catastróficos. No........

© The Conversation