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El Aleph de Borges y el universo cuántico anterior al Big Bang

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13.05.2026

Una célebre canción de Joaquín Sabina aconseja no volver jamás al lugar en el que se ha sido feliz. Confieso que mientras abría el volumen I de las obras completas de Borges (Emecé editores, 1989) y buscaba el texto de El Aleph temía que la frase se aplicara también a los relatos que más nos han marcado. No había vuelto a visitar El Aleph desde hace décadas y temía que, al hacerlo, la realidad del texto no estuviera a la altura de mis exaltados recuerdos. No fue así.

Una historia de amor trágico

El Aleph es, en último término, una historia de amor trágico:

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.

Era el propio Borges quien recomendaba empezar una buena historia con un nacimiento, una muerte o un forastero que llega a una ciudad sin nombre. Y la muerte de Beatriz, en la primera línea, no sólo fija el tono sombrío del relato sino que refiere al lector a esa otra Beatriz, que Dante exaltó en su Comedia. Pero hay más. El siguiente párrafo nos informa de un imperceptible cambio que contribuye a alejar el universo de la difunta. ¿Sólo de ella?

Borges invoca sutilmente la realidad del cambio constante del cosmos, que a su vez refleja el aumento incesante de la entropía. Desde la muerte de Beatriz Viterbo, en 1929, esa entropía que crece empecinadamente ha ido cambiando el universo —con un anuncio de cigarrillos, con una guerra mundial, con la llegada del hombre a la Luna, con la irrupción reciente de la IA—, pero, sobre todo, lo ha ido desordenando.

Ha transcurrido casi un siglo de los hechos que se relatan en el cuento. Solo en la Vía Láctea se habrán apagado alrededor de cien estrellas, más de un billón si contamos todo el universo. Desde la muerte de Beatriz, cerca de mil galaxias han emitido el último fotón que jamás nos alcanzará. Borges........

© The Conversation