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El regreso silencioso del déficit de yodo: ¿tiene la culpa el tipo de sal que consumimos?

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30.04.2026

El déficit de yodo parece un problema del pasado, pero no lo es del todo, tal y como ponía de relieve la periodista científica Alice Klein en un artículo reciente de la revista New Scientist . Durante el siglo XX, la yodación de la sal se convirtió en una de las intervenciones de salud pública más eficaces para prevenir trastornos por deficiencia de ese mineral, incluidos el bocio (agrandamiento de la glándula tiroides) y daños evitables en el desarrollo neurológico.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sigue considerándola una estrategia segura y eficaz, y UNICEF señala que continúa siendo la herramienta más utilizada para mejorar la ingesta de yodo en el mundo.

Ese éxito, sin embargo, ha generado una paradoja: precisamente porque funcionó tan bien, el yodo desapareció del debate público. Hoy, en varios países, vuelven a detectarse señales de ingesta insuficiente en determinados grupos, sobre todo en embarazadas, mujeres lactantes y personas con dietas restrictivas o mal planificadas. No se trata de un retorno dramático de los cuadros más graves en todas partes, sino de un riesgo silencioso de carencia en contextos donde se ha relajado la atención.

Qué hace el yodo en el cuerpo

El yodo es un micronutriente esencial para la síntesis de tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), hormonas que regulan el metabolismo, el crecimiento y múltiples procesos fisiológicos. Su disponibilidad adecuada durante la gestación y la primera infancia resulta especialmente importante para el desarrollo normal del sistema nervioso central y para la maduración cerebral temprana.

Además, los requerimientos aumentan durante el embarazo y la........

© The Conversation