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Regeneración, metamorfosis, diversidad y adaptación: el secreto de los equinodermos

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20.04.2026

Los erizos parecen alfileteros vivientes con armadura de carbonato cálcico; los pepinos de mar se asemejan a gusanos gigantes; las estrellas extienden sus brazos como flores marinas; las ofiuras se mueven con gracia serpentina, y los crinoideos, conocidos como lirios o estrellas pluma, despliegan brazos finos y ramificados que recuerdan a delicados abanicos vegetales.

A primera vista, clasificar juntos a estos animales parece un error taxonómico. Sin embargo, bajo esa diversidad de formas se esconde una de las historias evolutivas más sorprendentes de la naturaleza: la de los equinodermos, un filo que ha sobrevivido durante más de 500 millones de años en casi todos los rincones del océano.

Todos los equinodermos poseen un esqueleto interno, un armazón calcáreo con una microestructura única llamada estereoma.

Un conjunto de genes controlan el desarrollo de ese esqueleto, que consiste en osículos –huesecillos pequeños– de carbonato cálcico que pueden estar libres o fusionados, formando una estructura tridimensional porosa exclusiva de este filo.

En los erizos, los osículos se sueldan creando caparazones rígidos; en las estrellas se articulan, permitiendo flexibilidad; y en los pepinos se reducen a espículas dispersas en el tejido blando. El resultado es una enorme variedad de soluciones constructivas que parten siempre del mismo “ladrillo” básico.

Esa versatilidad es lo que ha permitido a los equinodermos conquistar desde arrecifes tropicales hasta fondos fangosos a miles de metros de profundidad.

Sorprendente ingeniería hidráulica

Otra innovación compartida es el sistema vascular acuífero, un mecanismo hidráulico único en el reino animal. Sus pies ambulacrales funcionan........

© The Conversation