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Caracas, el termómetro de la firmeza

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24.06.2026

¿Después de veintisiete años de esperanza, movilización y experimentación, realmente ha terminado el impulso propulsor del laboratorio bolivariano? ¿Ha llegado a su fin el experimento socialista, proclamado por Hugo Chávez en 2005 ante los movimientos altermundistas en Porto Alegre como la única alternativa real a la barbarie del capital? ¿De verdad todo se está resolviendo en la ignominia y la traición de sus dirigentes, como gritan los tribunales permanentes de las redes sociales? Y, sobre todo, ¿qué espacios reales le quedan a la alternativa sistémica ante la absoluta ausencia de relaciones de fuerza favorables a nivel continental, mientras el Comando Sur preside de forma estable las aguas del Caribe, asedia a Venezuela y amenaza la existencia deCuba?Hay un pasaje decisivo en el ensayo de Lenin de 1904, Un paso adelante y dos pasos atrás, que se proyecta con precisión geométrica sobre la geopolítica contemporánea. El gran estadista revolucionario, al hacer el balance de las fracturas organizativas del socialismo ruso, recordaba que la firmeza de los principios nunca debe transformarse en ceguera dogmática: la táctica exige flexibilidad, capacidad de maniobra y, cuando es necesario, la aceptación consciente de un repliegue temporal para preservar lasfuerzas estratégicas. El problema surge cuando el repliegue se prolonga más de lo debido, transformándose en un pantano donde los contornos de la alternativa de sistema se desdibujan ante el chantaje del vencedor y en la defensa de un Estado cualquiera.

Escribir hoy sobre Venezuela significa medirse exactamente con esta resbaladiza dialéctica entre principios y compromisos. El asalto imperial desatado a principios de 2026, que culminó en el inédito secuestro del presidente Nicolás Maduro y de ladiputada Cilia Flores, su esposa, ha lanzado al proceso bolivariano a una fase defensiva compleja y dramática, de resultados nada evidentes. La elección del grupo dirigente, hoy encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, de no reaccionar militarmente a la ofensiva —a diferencia de lo que hizo Irán en el escenario del Medio Oriente—, evitó una carnicería inmediata pero abrió las puertas a una negociación asimétrica bajo chantaje, exponiendo al país al riesgo de una pérdida irreversible de soberanía nacional.

Para comprender la naturaleza de esta trampa, es necesario analizar la estrategia en tres fases planificada por la administración Trump y sus halcones, empezando por Marco Rubio. Esta estrategia no apunta a la destrucción inmediata y espectacular de las instituciones bolivarianas, sino a desgastarlas a fuego lento. La primera fase se concentró en el aislamiento y la decapitación simbólica, aprovechando el secuestro para privar a la revolución de su eje institucional.

La segunda fase, actualmente en curso, consiste en la apertura de espacios para las derechas de oposición y en garantizarse el terreno apto para la explotación de los inmensos recursos venezolanos, desmontando pieza por pieza la arquitectura socialista del Estado bolivariano. A cambio, Caracas recibe solo las migajas de algunas licencias temporales que permitan a las empresas multinacionales un mayor tráfico petrolero (mientras las medidas coercitivas unilaterales siguen estructuralmente en pie) y el permiso de nombrar una firma legal para la renegociación de la deuda ante el Fondo Monetario Internacional, de cuyos financiamientos el país había sido privado debido a las sanciones.

Estados Unidos dilata las mesas diplomáticas y aprieta los cordones del bloqueo económico con el único fin de exasperar las contradicciones internas del bloque patriótico en miras a la tercera fase. Esta última apunta a la normalización neoliberal: un retorno guiado a las lógicas de mercado, donde la privatización de facto de la renta petrolera se contrabandea como el único precio posible para la paz y el bienestar económico de aquellas clases medias afectadas por las sanciones; esas mismas sanciones que sus representantes políticos habían solicitado a gritos a Washington.

Esta fase prevé el retorno a la democracia de fachada de la IV República e implica el desmantelamiento de........

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