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Las líneas rojas de la sociedad civil venezolana, por Rafael Uzcátegui

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09.04.2026

Las líneas rojas de la sociedad civil venezolana, por Rafael Uzcátegui

Como consecuencia de la duración del conflicto, el desgaste y la represión post 28J, la sociedad civil venezolana experimenta su peor momento de fragmentación. Sin embargo, la dispersión de esfuerzos y abordajes sobre la posibilidad de una transición a la democracia en el país pudiera remar hacia el mismo lado si se establecen líneas rojas comunes que no deberían cruzarse.

¿Cuáles pudieran ser estos límites? El problema no es la parcelación. El problema es no saber qué no estamos dispuestos a aceptar.

Durante muchos años se repitió que sin «unidad» no había posibilidad de cambio entre nosotros. Pero esa premisa, útil en ciertos momentos, también puede convertirse en una trampa cuando la realidad no lo permite. Insistir en una cohesión forzada que no existe, y que puede durar mucho tiempo para construirla, puede paralizar más que movilizar.

Lo que sí está sucediendo luego del 3E, de manera incipiente, es otra cosa: la acción descentralizada. Iniciativas que emergen desde distintos lugares, con diversos planteamientos (desde la libertad de los presos políticos hasta la mejora de los salarios), desde actores que prueban, ajustan, tantean la reacción de las autoridades.

No es un escenario ordenado ni articulado, pero tampoco ocurre en el vacío. Es una fase. Una forma de recomposición luego del terrorismo de Estado, en medio de la incertidumbre de una transición, en el mejor de los casos, en proceso.

No es un escenario ordenado ni articulado, pero tampoco ocurre en el vacío. Es una fase. Una forma de recomposición luego del terrorismo de Estado, en medio de la incertidumbre de una transición, en el mejor de los casos, en proceso.

El detalle es que la dispersión, sin valores y principios compartidos, también tiene riesgos. Puede abrir la puerta a contradicciones, a procesos de cooptación, a la normalización de lo inaceptable. Sin ciertos límites, cada quien puede terminar empujando en direcciones incompatibles, lo que sería absolutamente funcional al autoritarismo.

Nos gustaría que el movimiento democrático estuviera en otro momento, con una agenda clara de reivindicaciones sobre la mesa, presionando para disputar el sentido de la transición. Pero no es así. Y reconocerlo no es una debilidad. Es una condición para pensar estratégicamente.

En contextos como el venezolano, podemos transformar lo que pareciera una debilidad en una ventaja: la descentralización estratégica. Una forma de acción en la que múltiples actores intervienen simultáneamente desde distintos frentes, sin necesidad de una coordinación central, pero sin perder coherencia. Por ello hoy, la sociedad civil no necesita unanimidad: necesita límites compartidos. «Líneas rojas» que no deberían cruzarse.

Definir cuáles son nuestras líneas rojas ni es un programa político, ni es una agenda común detallada. No buscan sustituir la diversidad de estrategias ni las diferencias entre actores. Son, más bien, un conjunto de mínimos éticos y democráticos que permiten actuar como enjambre sin perder coherencia.

Definir cuáles son nuestras líneas rojas ni es un programa político, ni es una agenda común detallada. No buscan sustituir la diversidad de estrategias ni las diferencias entre actores. Son, más bien, un conjunto de mínimos éticos y democráticos que permiten actuar como enjambre sin perder coherencia.

Las potenciales marcas limítrofes

Proponemos, para el debate, un conjunto de 10 líneas rojas:

Consulta y soberanía ciudadana: no puede haber resolución del conflicto sin mecanismos verificables de consulta a la población. No se trata solo de «escuchar» a la........

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