Willie Colón: el trombón de la inmortalidad, por Alexander Cambero
Willie Colón: el trombón de la inmortalidad, por Alexander Cambero
Muere el gran Willie Colón a los setenta y cinco años. Las vÃas respiratorias que fueron aliadas de su trombón mágico cedieron ante el inexorable tiempo. Su irrupción cambió la música que seguÃa anclada al inmodificable origen cubano.
Sus letras escritas muchas veces entre tragos y burdeles, con el horizonte de senos y pompis generosos sobre el alirón del corpiño estrecho, sabÃan describir lo que escondÃan las almas del pecado. El barrio con sus grandezas y miserias. Las luces van tiñéndose de oscuridad para que las pasiones escapen de sus atavismos.
Fábulas que caminan en el extravÃo hasta donde la vida alcanza. En este ecosistema de cosas nació un juglar con la generosidad de saber contar. Sus éxitos se acoplaron al maridaje de unas composiciones prolijas en historias del azaroso inframundo.
Fue allà donde apareció como su cantante un joven desgarbado nacido en Ponce. El vertiginoso protagonismo lo llenó de luciérnagas espirituales para conducirlo hasta la paulatina autodestrucción. Héctor Lavoe fue un genio que alcanzó el cielo de la fama llenando las nubes danzantes con el espejismo disuasivo del barbitúrico.
Era increÃble que aquel portentoso artista, monstruo en el escenario, fuera el Mefistófeles de su propia existencia. La relación profesional fue haciéndose insostenible. Entre ellos, el narcótico pudo más que seguir siendo la yunta perfecta para hacer que la salsa siguiera siendo la voz del barrio que enhebra una ilusión.
El trombón sufrió una simbiosis. Un poeta hecho con la madera de las serranÃas de la conciencia escuchaba la voz del istmo que gemÃa como en áulicas centelladas, tratando de expresar lo que callaba el miedo. EscribÃa con profusión hasta que su corazón se hizo canto general.
En una angosta callejuela se cruzaron dos almas para fusionarse en un mensaje universal de América. Rubén Blades encontró en Willie Colón al cerebro que comprendió las epÃstolas de sus neuronas.
En una angosta callejuela se cruzaron dos almas para fusionarse en un mensaje universal de América. Rubén Blades encontró en Willie Colón al cerebro que comprendió las epÃstolas de sus neuronas.
La sociedad sedienta de quienes confesaran sus desvarÃos los hizo viajantes por las estaciones de los sentimientos hasta hacer que la siembra fuera el fructificado de la tierra rebelde y desafiante que aspiraba ser exhibida.
Rubén Blades se hizo leyenda universal. Sus canciones llenaban los escenarios de un éxtasis tan proclive al desenfado social. Las injusticias generales encontraron su inmueble idÃlico. Esa pasión se convirtió en un iceberg que fue arrasando con todo. Por fin nuestros dolores tenÃan un eficaz medicamento espiritual.
Sus melodÃas describieron nuestras desgracias. Lo cotidiano tomó una forma bastante original. Es allà donde podemos inferir que estuvo el triunfo de este par. Una pequeña grieta fue abriéndose entre los dos seres hasta que la ruptura profesional liquidó la buena estrella.
Buscando los cauces de sus orÃgenes musicales, sus sentimientos acariciaron las raÃces cubanas. Cuando era un callejero que se liaba a golpes en las esquinas acoquinadas de pandilleros de lenguaje hosco y puños reventa jetas. Escuchaba a la célebre Sonora Matancera, tan llena de grandes exponentes en el discurrir del arte.
Ya un poco mayor, quiso rescatar aquel legado, pero dándole un matiz mucho más moderno. Fue asà como se empeñó en producir un disco para la guarachera Celia Cruz. El encuentro fue fantástico. Willie Colón buscaba que ella saliera del clásico encaje donde la habÃa colocado una gran trayectoria.
La querÃa rejuvenecida en los contenidos. La versatilidad de los temas que le escogió la llevó a lograr un éxito, obteniéndolo con una propuesta diferente. La genialidad del maestro se puso de manifiesto en esta experiencia que fue toda una novedad para su época.
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Una atronadora voz llamó poderosamente su atención. La guitarra se dejaba seducir por la magia de una soledad que gozaba de la indómita bravura de una artista colosal. Fue un plácido amor a primera vista. Colón inmediatamente comprendió que sus letras serÃan fascinantes alfombras mágicas volando en el lÃmpido cielo de esas privilegiadas cuerdas vocales.
Solo tenÃa que extraerla del archipiélago de la izquierda. Sus canciones de protesta siempre fueron para un grupo reducido. Una secta de fieles con su decimonónico libro sagrado de exclusividades donde no cabÃa la contaminación mercantilista.
Casi una hermandad medieval que pensaba que producir un trabajo para comerciarlo era una verdadera herejÃa de sémola antirrevolucionaria y con el germen de traicionar la causa. HabÃa que abrir el picaporte para que un mundo más amplio la descubriera.
Soledad Bravo graba con el maestro y el anhelado disco se convierte en una verdadera revolución musical. Su calidad se exhibe como un sÃmbolo del arte de nuestros pueblos morenos. Soledad se hizo compañÃa de millones manteniendo su apellido como un ideal bravo de verdad.
Soledad Bravo graba con el maestro y el anhelado disco se convierte en una verdadera revolución musical. Su calidad se exhibe como un sÃmbolo del arte de nuestros pueblos morenos. Soledad se hizo compañÃa de millones manteniendo su apellido como un ideal bravo de verdad.
La canción guardó silencio. Willie Colón dejó el mundo de los vivos para inscribir su nombre en la inmortalidad. La música latina recibe un golpe noble en la heráldica de su destino. Nos quedarán sus canciones para seguir recorriendo los caminos de una América con muchos episodios por subrayar.
Mientras el pasado se abre como cuando el trombón hizo metástasis en una luna radiante tan emocionada cuando observó a la salsa poner a gozar a la gente.
Alexander Cambero es periodista, locutor, presentador, poeta y escritor.
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