México en el discurso del primer ministro de Canadá, por Ernesto Hernández Norzagaray
México en el discurso del primer ministro de Canadá, por Ernesto Hernández Norzagaray
Mark Carney, el primer ministro de Canadá, aprovechó su presencia en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos para pronunciar un discurso que puso los puntos sobre las Ães en materia geopolÃtica. En él reconoció que las normas surgidas tras la Segunda Guerra Mundial, concebidas para preservar el equilibrio global, están hoy rotas.
Sostuvo que ese orden ya no existe y que tampoco nos encontramos en una transición hacia un nuevo modelo basado en reglas universales. Por el contrario, describió un mundo regido por los intereses de las grandes potencias económicas y militares —Estados Unidos, China y Rusia—, empeñadas en controlar el futuro de la humanidad.
El problema es que, todavÃa hoy, tanto los organismos internacionales como muchos lÃderes mundiales actúan como si esas reglas siguieran cumpliendo la función que se les encomendó al final de la Segunda Guerra Mundial, especialmente a través de la que fue su máxima expresión institucional: la creación de la ONU y sus organismos especializados.
Carney afirma que el mundo no atraviesa una transición hacia un nuevo modelo geopolÃtico, sino una ruptura del orden internacional, en la que la integración económica se ha transformado en un arma de presión mediante aranceles, cadenas de suministro y mecanismos financieros.
AsÃ, la escena mundial queda determinada por la rivalidad económica entre las grandes potencias, con Estados Unidos, China y Rusia actuando sin lÃmites claros, mientras los paÃses más débiles sufren las consecuencias.
AsÃ, la escena mundial queda determinada por la rivalidad económica entre las grandes potencias, con Estados Unidos, China y Rusia actuando sin lÃmites claros, mientras los paÃses más débiles sufren las consecuencias.
Frente a este cambio en el orden mundial, el primer ministro canadiense hace un llamamiento a las potencias medias para construir una autonomÃa estratégica en áreas clave como energÃa, alimentos, minerales, finanzas y cadenas de suministro.
La lógica es clara: si las normas internacionales ya no protegen a un paÃs, este debe protegerse por sà mismo. Pero, ¿cómo encaja esta reflexión en paÃses con modelos hÃbridos o abiertamente autocráticos?
Para Carney, su propuesta es tremendamente pragmática: no es ingenua, sino realista, y nada más y nada menos que basada en valores democráticos, muy en la lÃnea de lo que sostiene la Unión Europea.
El dilema para los paÃses con sistemas hÃbridos o autocráticos consiste en mantenerse en un modelo de integración subordinada o alinearse con valores que garanticen la cohesión social y polÃtica a mediano y largo plazo.
México se encuentra en esa encrucijada mientras avanza hacia un precipicio autocrático, con la captura y debilitamiento de instituciones democráticas —basta con mirar al Poder Judicial, seleccionado a través de reformas electorales que han favorecido a militantes confesos del partido Morena—.
México se encuentra en esa encrucijada mientras avanza hacia un precipicio autocrático, con la captura y debilitamiento de instituciones democráticas —basta con mirar al Poder Judicial, seleccionado a través de reformas electorales que han favorecido a militantes confesos del partido Morena—.
Esta debilidad estructural ha permitido que el gobierno de Donald Trump la utilice con fines geopolÃticos propios, aumentando la presión sobre la administración de Claudia Sheinbaum.
Queda claro que un lÃder con ambiciones autocráticas, aunque aún limitado por controles legislativos, no tolera que otro intento similar surja dentro de su esfera nacional si entra en conflicto con los intereses del MAGA.
No obstante, el gobierno de Claudia Sheinbaum mantiene a diario una soberanÃa retórica, mientras en la práctica cede frente a las necesidades geopolÃticas del paÃs del norte en asuntos como comercio, migración y crimen organizado. Por ello, Carney advierte que la integración económica puede convertirse en una forma de subordinación.
Esto resulta especialmente delicado para México debido a su dependencia estructural de los mercados estadounidenses, que concentran el 80% del comercio exterior del paÃs, su integración profunda en las cadenas productivas y la vulnerabilidad frente a aranceles, sanciones o presiones regulatorias.
Peor aún, y cuando los errores cuestan más, se ha debilitado no solo al Poder Judicial al alinearlo con el oficialismo, sino también a los órganos autónomos y reguladores económicos, mientras se pone en entredicho la credibilidad del proceso electoral.
Carney resume el riesgo de esta situación con una frase contundente e insuperable: «Si no estás en la mesa, estás en el menú».
El modelo de la posguerra está, sin duda, roto. Antes, los mercados toleraban cierto déficit democrático mientras hubiera estabilidad polÃtica; hoy, ya no.
Lo que importa ahora es la confianza institucional, un activo geopolÃtico fundamental, porque la inversión fluye hacia estados previsibles, con reglas creÃbles y respeto por contratos y tratados comerciales.
Y si México quiere estar en la mesa, tendrá menos margen para polÃticas discrecionales y enfrentará un mayor castigo por decisiones ideológicas que puedan relegarlo frente a otras potencias medias más confiables, como Canadá, Corea del Sur o Australia.
Y si México quiere estar en la mesa, tendrá menos margen para polÃticas discrecionales y enfrentará un mayor castigo por decisiones ideológicas que puedan relegarlo frente a otras potencias medias más confiables, como Canadá, Corea del Sur o Australia.
Y, además, por la violencia criminal que no cesa. Es una gran debilidad que el crimen organizado reemplace al Estado en territorios enteros.
Y estas debilidades afectan a las cadenas de suministro, la seguridad y la estabilidad territorial, lo que se traduce en una menor capacidad para aprovechar oportunidades de nearshoring, infraestructura logÃstica o integración industrial de alto valor.
En cambio, unas potencias medias coordinadas frente al nuevo escenario internacional podrÃan establecer un sistema de reglas comunes, construir una autonomÃa estratégica y defender estándares compartidos.
Lamentablemente, el gobierno mexicano hoy no ofrece garantÃas institucionales y solo parece buscar ganar tiempo. Pero, ¿tiempo para qué?
¿Acaso espera que Trump se debilite en el mediano plazo para volver a la etapa en que todo parecÃa ir viento en popa para la 4T, el ambicioso proyecto polÃtico de AMLO?
Y si fuera asÃ, ¿realmente podrÃa beneficiarse más aliándose con China o Rusia? Hace falta un desprendimiento del ideario del obradorismo, que sigue viendo un mundo en el que los estados nación se rigen por los dictados de la posguerra.
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Con esas debilidades, persisten en esa idea, sin percibir que la realidad internacional se le viene encima a su presidenta.
Pero, volviendo a las entrelÃneas del discurso de Carney, llama a paÃses como México a dar un paso atrás para luego dar dos adelante, reconstruyendo los contrapesos desmantelados y, de ese modo, enviar señales más claras a mercados y aliados polÃticos.
Una cooperación estratégica con EEUU y Canadá exige, de inmediato, revertir el impulso autocrático.
El problema para la presidenta Sheinbaum es que comparte el poder con López Obrador, y cualquier movimiento en esa dirección, por mÃnimo que sea, tambalea el piso donde se encuentra. Le resulta difÃcil reconocer ese cogobierno. Y la situación se complica aún más si Trump llega a exigir la entrega de narcopolÃticos de Morena.
Sheinbaum celebró el discurso de Carney, pese a lo incómodo que resulta para el gobierno mexicano, porque parte de una premisa clara: en un mundo sin reglas sólidas, la debilidad institucional se paga cara.
Sheinbaum celebró el discurso de Carney, pese a lo incómodo que resulta para el gobierno mexicano, porque parte de una premisa clara: en un mundo sin reglas sólidas, la debilidad institucional se paga cara.
Los modelos cuasiautocráticos pierden margen de maniobra, se vuelven más dependientes del exterior y son más fáciles de presionar o disciplinar en un sistema de intereses geopolÃticos.
En otras palabras: la soberanÃa se construye y fortalece con instituciones, no con posturas ni discursos encendidos en la plaza pública.
Ernesto Hernández Norzagaray es profesor de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Doctor en Ciencia PolÃtica y SociologÃa por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México
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