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Las elecciones de medio término en EEUU y el futuro de Venezuela, por Leopoldo Martínez

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Las elecciones de medio término en EEUU y el futuro de Venezuela, por Leopoldo Martínez

Las elecciones legislativas de 2026 pueden convertirse en un punto de inflexión para la política de Estados Unidos hacia Venezuela. No porque Venezuela sea un tema central capaz de definir el resultado electoral, sino porque varios factores internos de la política estadounidense podrían converger sobre Caracas: la debilidad política de Donald Trump, el posible avance demócrata en la Cámara de Representantes, la posibilidad –más difícil, pero bien relevante– de un cambio de control en el Senado, el conflicto con Irán, el precio de la energía, la presión sobre Cuba, las licencias petroleras, las candidaturas para la sucesión republicana de 2028 y el papel cada vez más visible de Marco Rubio.

En ese cruce de intereses, Venezuela podría dejar de ser tratada principalmente como un caso de restauración democrática para convertirse en una pieza central de una narrativa de estabilización, seguridad energética y realineamiento hemisférico.

Si las encuestas actuales se mantienen, los demócratas tienen una posibilidad real de recuperar la Cámara de Representantes, y una más remota pero posible de recuperar también el control del Senado. Un margen demócrata de alrededor de cinco puntos en el voto genérico por partido –según el promedio de las encuestas– indica un ambiente nacional muy adverso para los republicanos. Además, Trump enfrenta una desaprobación mayoritaria contundente y números especialmente débiles en economía, inflación, costo de vida e Irán.

Una Cámara de Representantes demócrata –e incluso controlando también el Senado– no permite dirigir la política venezolana desde el Capitolio. La política exterior, las licencias de sanciones, las decisiones de reconocimiento y la diplomacia energética seguirían estando en manos del Ejecutivo. Pero sí podría elevar considerablemente el costo político de cada decisión y, al hacerlo, orientar las cosas hacia una ruta diferente.

Una Cámara de Representantes demócrata –e incluso controlando también el Senado– no permite dirigir la política venezolana desde el Capitolio. La política exterior, las licencias de sanciones, las decisiones de reconocimiento y la diplomacia energética seguirían estando en manos del Ejecutivo. Pero sí podría elevar considerablemente el costo político de cada decisión y, al hacerlo, orientar las cosas hacia una ruta diferente.

Los comités de la Cámara bajo control........

© Tal Cual