La hora de las transiciones justas, por MarÃa Villarreal
La hora de las transiciones justas, por MarÃa Villarreal
América Latina y el Caribe es una región atravesada por múltiples transiciones. Aunque el término ha sido utilizado sobre todo para hablar de las transiciones hacia la democracia, hoy la noción va mucho más allá de lo polÃtico.
Se habla de transiciones energéticas, ecosociales, urbanas y digitales, entre otras, para subrayar que el cambio no supone únicamente nuevos recursos o tecnologÃas, sino también la transformación de modelos productivos, patrones de consumo y visiones de mundo. En la región más desigual del planeta, una expresión que ha adquirido creciente notoriedad y urgencia es la de transición justa.
Y es que el 10 % más rico concentra el 77 % de la riqueza regional, según el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). En este contexto, cualquier proceso de cambio enfrenta un desafÃo central: que la transición no profundice las brechas históricas, sino que abra el camino hacia una transformación verdaderamente equitativa.
Y es que el 10 % más rico concentra el 77 % de la riqueza regional, según el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). En este contexto, cualquier proceso de cambio enfrenta un desafÃo central: que la transición no profundice las brechas históricas, sino que abra el camino hacia una transformación verdaderamente equitativa.
¿Por qué hablar de transiciones justas hoy?Â
La crisis climática que estamos enfrentando es también una crisis de desigualdad. Las personas superricas y las grandes corporaciones contribuyen de forma desproporcionada al calentamiento global debido a sus elevados niveles de emisiones y a su poder económico y polÃtico, según un informe de Oxfam (2025).
De hecho, el 86% del 0,1% de las personas más ricas del planeta residen en el Norte Global. Mientras que el cambio climático afecta sobre todo a los paÃses del Sur y a colectivos tradicionalmente vulnerabilizados como indÃgenas, afrodescendientes y mujeres. Por ello, la crisis climática actúa como multiplicador de desigualdades.
Frente a este escenario, es urgente articular saberes diversos y repensar la organización de nuestras sociedades dentro de los lÃmites planetarios. Aunque muchos sectores sostienen que la transición energética y el llamado capitalismo verde ofrecerÃan una solución integral, lo cierto es que, bajo estas etiquetas, gobiernos y empresas, especialmente del Norte Global, impulsan una nueva carrera por tierras raras, minerales estratégicos y energÃas renovables para producir baterÃas, vehÃculos eléctricos y abastecer tecnologÃas como la inteligencia artificial.
No obstante, la paradoja es evidente: la fabricación de estas soluciones “verdes†exige enormes cantidades de energÃa y minerales extraÃdos en el Sur Global, lo que intensifica impactos y conflictos socioambientales, mientras reproduce dependencias históricas.
Lejos de superar las asimetrÃas, las actuales propuestas de transición energética, tal como están siendo implementadas, tienden a profundizar desigualdades y a consolidar nuevas formas de colonialismo verde.
Lejos de superar las asimetrÃas, las actuales propuestas de transición energética, tal como están siendo implementadas, tienden a profundizar desigualdades y a consolidar nuevas formas de colonialismo verde.
En un contexto de tensiones geopolÃticas y competencia por recursos estratégicos, América Latina, rica en litio, petróleo, cobre y tierras raras, se convierte en territorio de disputa entre grandes potencias, además de reafirmar su inserción periférica como exportadora de recursos naturales hacia China y Estados Unidos. De forma premonitoria, la reciente intervención militar estadounidense en Venezuela y el control de las reservas petroleras del paÃs, en flagrante violación de la Carta de la ONU y del derecho internacional, establece un precedente preocupante para la región.Â
Por otro lado, a pesar de los graves efectos de la crisis climática, persisten el negacionismo, la desinformación y diversos esfuerzos orientados a retrasar o impedir la adopción de medidas efectivas contra el calentamiento global. La salida de Estados Unidos del Acuerdo de ParÃs y los procesos de desregulación ambiental y climática promovidos por paÃses como India, Argentina o Ecuador ponen en riesgo los avances ecológicos alcanzados durante las últimas décadas. Para evitar una catástrofe mayor, es imprescindible impulsar una transición hacia un modelo económico, polÃtico y social verdaderamente sostenible.
Implicaciones de una transición justa en América Latina y el CaribeÂ
El concepto de “transición justa†es deudor de las luchas del movimiento obrero y surgió en la década de 1980, cuando sindicatos estadounidenses de industrias dependientes de los combustibles fósiles lo emplearon para defender a trabajadores que estaban siendo afectados o que estaban perdiendo sus empleos debido a nuevas regulaciones ambientales. La noción hace hincapié en la necesidad de considerar quién gana y quién pierde en un proceso de transición, asà como cuáles son los beneficios e impactos negativos generados por este proceso.Â
En los últimos años, el concepto ha adquirido centralidad en el debate climático global, destacando que el camino hacia la descarbonización debe situar en el centro a toda la sociedad: comunidades, trabajadores y grupos históricamente vulnerabilizados. Aunque su interpretación varÃa según el paÃs o la región, el principio es claro: ningún proceso de transformación será legÃtimo si deja a sectores enteros atrás.
En América Latina y el Caribe, abordar la crisis climática y concretar la transición hacia una economÃa sostenible y baja en carbono requerirá inversiones anuales de entre US$ 470.000 millones y US$ 1,3 billones (equivalentes a entre el 7 % y 19 % del PIB regional) en infraestructura y gasto social, lo cual tendrá profundas implicaciones económicas y sociales.
Entre otros efectos, implicará el cierre de empresas vinculadas a los combustibles fósiles, cambios geográficos en los patrones de producción y pérdidas de empleo en algunos sectores, al tiempo que generará nuevas oportunidades en áreas como las energÃas renovables. Asimismo, exigirá mayores niveles de capacitación y el desarrollo de nuevas competencias por parte de los trabajadores.
El abandono de los combustibles fósiles tendrá también efectos en la infraestructura regional y en los sistemas productivos, asà como en el costo de vida, debido al posible aumento de los precios de los alimentos y del transporte. Al mismo tiempo, reducirá los ingresos fiscales disponibles para financiar inversiones sociales, lo que plantea desafÃos adicionales para los Estados.
En este contexto, los paÃses de la región deben garantizar que estos procesos sean planificados de manera adecuada, participativa y justa, y que sus beneficios se distribuyan equitativamente. Paralelamente, es clave prevenir sus impactos negativos y adoptar medidas para mitigarlos y compensarlos mediante polÃticas de protección social, redistribución y empleo, especialmente dirigidas a los hogares de menores ingresos y a los grupos históricamente marginados.
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Lejos de ser solo un ideal, existen propuestas concretas surgidas en América Latina y el Caribe. Una de ellas es el Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, que sostiene que una verdadera transición no debe ser únicamente energética o tecnológica, sino una transformación integral del régimen socioecológico que busque garantizar condiciones de vida digna, poniendo en el centro la justicia social y el combate a las desigualdades. Sin ello, la transición no sólo será incompleta, sino también ineficaz.Â
MarÃa Villarreal es cientista polÃtica. Profesora de Relaciones Internacionales y del Programa de Posgrado de Ciencias Sociales en Desarrollo, Agricultura y Sociedad (CPDA) de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro (UFRRJ). Doctora en Ciencia PolÃtica por la Universidad Complutense de Madrid.
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