menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Forajidos, por Humberto García Larralde

28 0
05.09.2026

Forajidos, por Humberto García Larralde

Correo: [email protected]

Pasé mi niñez en Canadá. Mi padre, Humberto García Arocha, cayó preso al comienzo de la dictadura de Pérez Jiménez y fue luego expulsado de Venezuela. Sólo con su derrocamiento pudimos regresar. En la TV de ese país me entretenían las series de vaqueros, en las que los buenos siempre triunfaban ante los malos. Se les refería, simplemente, como «outlaws» –los fuera de la ley–, o sea, como forajidos. Los buenos, víctimas inocentes de los malos, los representaba la justicia, encarnada por el sheriff de rigor. Era una puesta en escena muy maniquea.

La mayoría de los casos no terminaban sometiendo a juicio a los forajidos, sino acribillándolos en plena calle principal. Las instituciones como resguardo del Estado de derecho tuvieron que esperar los programas del infalible abogado, Perry Mason.

La idea de un marco legal se plasmó, felizmente, para regular las relaciones entre países. Tristemente, no terminaron por desaparecer las guerras. Paradójicamente, los países que más influyeron para instituir reglas que garantizaran la paz en el globo –las antiguas potencias coloniales europeas y EEUU– tendían a ser sus principales violadores.

La idea de un marco legal se plasmó, felizmente, para regular las relaciones entre países. Tristemente, no terminaron por desaparecer las guerras. Paradójicamente, los países que más influyeron para instituir reglas que garantizaran la paz en el globo –las antiguas potencias coloniales europeas y EEUU– tendían a ser sus principales violadores.

Pero no invalida la justeza del planteamiento, sino que obliga a evaluar la justeza de su aplicación en cada caso. Menudo problema, hoy, cuando la nación central a este orden legal es gobernada por quien se empeña en desmontarlo.

Al comenzar esta segunda gestión de Trump algunos pensaban que su arremetida contra el orden internacional respondía a una estrategia derechista por reescribir sus «reglas del juego» y torcerlo a su favor. Un problema político que podía enfrentarse en el marco de las instituciones existentes.

Pronto se hizo patente, empero, la verdadera dimensión de la amenaza: el cargo más poderoso del mundo lo había ocupado un megalómano acomplejado, interesado sólo en acaparar poder y riquezas en singulares transacciones, apalancado por la fuerza. «Might is right». Su intención nunca fue modificar las reglas de juego, sino deshacerse de ellas y de todo lo que constriñese sus ambiciones.

A eso se ha dedicado desde que volvió a la Casa Blanca, tanteando aquí y allá con sus colaboradores hasta dónde puede llegar sin toparse con una restricción........

© Tal Cual