En el nombre de Dios, por Ezequiel Querales V.
En el nombre de Dios, por Ezequiel Querales V.
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Dios: ser supremo, hacedor del universo. BÃblica y secular palabra que de tiempos inmemorables ha encauzado el amor al prójimo y las más sentidas creencias de fe y redención de la humanidad.
Grosso modo, es la apreciación de clérigos y eruditos acerca de su inmensidad. De su fiel y controvertida cosmovisión, venerada, cuestionada y atacada, por los siglos de los siglos, de generación en generación.
¿Qué no se ha dicho de este «primer motor, acto puro, ser eterno e inmaterial, perfección inmutable», que definÃa Aristóteles? ¿Qué se puede agregar, al menos, que no sea, para repudiar la cómplice ironÃa global, sobre el imparable y moderno armamentismo mundial, las continuas y cada vez más costosas guerras?
Las muertes masivas, que se siguen dando en el mundo en el nombre de la paz, e hipócritamente, de Dios. Lamentable, que su venerado e infinito sentir, siga siendo vilmente interpretado con fines inconfesables, por los grupos radicales chiitas, para sus nefastos intereses de dominio y control teocrático.
Las muertes masivas, que se siguen dando en el mundo en el nombre de la paz, e hipócritamente, de Dios. Lamentable, que su venerado e infinito sentir, siga siendo vilmente interpretado con fines inconfesables, por los grupos radicales chiitas, para sus nefastos intereses de dominio y control teocrático.
Triste apreciar hoy en dÃa, que de aquellas seculares y casi olvidadas guerras santas, de las cruzadas, del yihad islámico, del judaÃsmo, surgieron tantas guerras en el mundo, disputándose unas a otras, el controvertible dilema de las guerras buenas y las guerras malas. Aunque todas son reprochables.
Una dolorosa herida para la humanidad, siguen siendo las terribles inmolaciones de los llamados mártires suicidas (bombas humanas), que a nombre de Allah, y sin ningún reparo, se hacen volar para matar a decenas de inocentes en lugares concurridos, con el terrible saldo de muertos, heridos, terror y zozobra general, cada vez que lo hacen.
Sigue marcado en el sentimiento general de los estadounidenses, los abominables ataques a las torres gemelas de Nueva York, de los terroristas islamistas.
Lo más asombroso de esta breve cronologÃa en la que se invoca la muerte en nombre de Dios, ha sido la pretensión de Irán de establecer en Venezuela, un santuario criminal, con inteligencia y tecnologÃa militar iranÃ, no sólo para atacar a su archienemigo EEUU, sino a todo occidente. Y asà avanzar en el mundo, con su malvada teocracia.
Como se ha documentado por diversos canales, bajo la tutela despiadada de los ayatolas, Irán se convirtió en la nación más desalmada del mundo, incluso más que la Rusia de Putin. En tal sentido, establecieron una teocracia (gobierno de Dios), con su Revolución Islámica Chiita.
Y con la complicidad de Chávez y Maduro, fijaron en Venezuela su santuario para emprender su conspiración de penetración a otros paÃses, y permitieron la entrada de sus aliados terroristas de Hamás y Hezbolá, al territorio nacional.
*Lea también: ¿Adiós a la democracia?, por Fernando Mires En Venezuela lograron progresar, hasta que asumió Donald Trump, quien ha sido inclemente con su sospechoso rol en el paÃs, antes y después, de la extracción de Maduro y de Cilia, el 3E. Actualmente, bombardea y tiene cercado su territorio en Medio Oriente.
*Lea también: ¿Adiós a la democracia?, por Fernando Mires
En Venezuela lograron progresar, hasta que asumió Donald Trump, quien ha sido inclemente con su sospechoso rol en el paÃs, antes y después, de la extracción de Maduro y de Cilia, el 3E. Actualmente, bombardea y tiene cercado su territorio en Medio Oriente.
Y su promesa, de acabar con el vil socialismo de Cuba y Venezuela, y la infame teocracia iranÃ, también clama por la presencia de un Dios, pero no para inmolar a nadie, sino para atender el desesperado clamor de la gente, de salir de la terrible pesadilla que representan.
Ezequiel Querales V. es periodista y analista polÃtico
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
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