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El caudillismo, el mesianismo y el líder único, por Beltrán Vallejo

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10.03.2026

El caudillismo, el mesianismo y el líder único, por Beltrán Vallejo

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Estos términos no forman parte exclusiva de la historia de la psicología política latinoamericana, como algunos creen, o de referencia propia de países subdesarrollados, pues también son la expresión de un sinnúmero de liderazgos carismáticos en los cinco continentes, incluyendo naciones que se consideran avanzadas.

He ahí por ejemplo el caso del trumpismo en EEUU y la aberración hitleriana de la Alemania nazi que tuvo como consecuencia 50 millones de muertos en Europa durante la segunda guerra mundial. Hoy, por cierto, el mundo se encuentra en zozobra por este tipo de liderazgo, y a punto también de una tercera contienda planetaria.

Lo que pasa es que Latinoamérica tiene una «mara y un cestón de hombres a caballo» que durante dos siglos fueron presencia en la conformación genética del tejido nacional desde México hasta la Patagonia y que fueron obvios enemigos de la democracia, de la independencia de poderes, de la alternabilidad en el poder presidencial, de la modernización de las instituciones, de las libertades y hasta de la autoestima colectiva.

Además, hay que señalar que esos caudillos, esos mesías, esos líderes únicos se sustentaron en la devoción popular para alimentar y consolidar sus ambiciosos proyectos autocráticos que en muchas ocasiones derivaron en dictaduras puras y simples.

Como dije, el mesianismo, el caudillismo y los líderes únicos se nutren como vampiros de la esperanza de la gente y del fervor popular; se nutren del fervor por aquel salvador que venga con la bandera de la redención, pero también se anhela que ese salvador funcione más bien como un vengador que traiga el sable en alto, que venga a castigar.

Como dije, el mesianismo, el caudillismo y los líderes únicos se nutren como vampiros de la esperanza de la gente y del fervor popular; se nutren del fervor por aquel salvador que venga con la bandera de la redención, pero también se anhela que ese salvador funcione más bien como un vengador que traiga el sable en alto, que venga a castigar.

Ese es el ideario de pueblos eminentemente clientelares y que anhelan fervorosamente una protección paternal en la conducción del país. Resultado de todo esto: las sociedades siguen anquilosadas en el personalismo donde la institucionalidad moderna tiene poco espacio para su desarrollo, y que la nación se conduzca como se conduce a una montonera.

Y aquí voy directo al grano para lo que concierne específicamente a mi país y su lucha democrática en esta coyuntura inédita donde no se sabe si estamos entrando en una transición o que simplemente estamos en fase «transaccional» donde impera el pragmatismo socarrón de Trump y el pragmatismo impúdico y vivaracho de Delcy Rodríguez y de su combo.

Ella de interina más bien anhela subir ese escalón en aras de la perpetuidad en el poder, como fue también el deseo de los que la precedieron, pero uno de ellos está muerto y el otro está preso (eso debiera recordarlo Delcy).

Al respecto, en mi humilde opinión como activista del cambio para bien, esta lucha por la democracia debe encontrar la manera de arrancarse estas taras caudillistas, mesiánicas, personalistas y de liderazgo único, y que sólo han generado una Venezuela postrada en el siglo XX todavía.

Es decir, este país no ha terminado de entrar en el siglo XXI, y es que estamos así de retardados porque nuestra modernidad institucional, social, cultural, etc. ha sido abortada por estas formas de luchar por el poder político y por estas formas de mantenerse en el poder político.

Y voy más directo para referirme a María Corina y al sector más afiliado a lo que se llama mariacorinismo radical, particularmente a los de Vente Venezuela, la organización de nuestra líder más importante.

*Lea también: María, vente, por Fernando Rodríguez

Considero que, en esta coyuntura tan compleja y llena de incertidumbre, pero donde el venezolano después del 3 de enero vuelve a asomar la cabeza con cierto brillo de esperanza por el cambio, es primordial que ella y su equipo se despojen de esos rasgos mesiánicos, personalistas y caudillistas con los que arruinan componentes y variables de la estrategia de lucha por implantar la democracia en este país.

En especial me refererido a esa estrategia binaria muy rígida, pero ampliada de «quien no está conmigo y lo que diga yo está en mi contra» que impera bajo la sombra de María e insuflada por su aparataje, generando más dificultades que fortalezas para el desarrollo de una amplia alianza nacional que hace falta construir.

Esto para así definitivamente derrotar a lo que queda de régimen en las condiciones políticas que sea, y ojo: estamos asistiendo a una «mutación» de ese bloque de poder, pero donde todavía no hay contundentes indicios de lo que pudiera generar ese proceso, si en un Adolfo Suarismo a lo español o en un rebrote golpista de lo más cavernario de ellos.

En tal sentido, este mensaje de compañero de lucha se suma a otras voces de advertencia que evidencian preocupación por estos indicios caudillistas, personalistas y mesiánicos que gravitan en torno al liderazgo de María Corina, a quien le reconocemos su coraje y fe.

Pero esos matices en su forma de ser líder y en su equipo político más directo deben esfumarse, sino la lucha hasta el final se convertirá en el retorno de lo mismo que no nos deja entrar al siglo XXI de la institucionalidad moderna.

Pero esos matices en su forma de ser líder y en su equipo político más directo deben esfumarse, sino la lucha hasta el final se convertirá en el retorno de lo mismo que no nos deja entrar al siglo XXI de la institucionalidad moderna.

Beltrán Vallejo es articulista

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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