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Vía crucis hasta el piso 10, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

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04.04.2026

Vía crucis hasta el piso 10, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

Reconozco que la situación ha mejorado un poco desde que repararon los ascensores. Aunque ahora el ascenso es más rápido, cada día vamos al encuentro de lo mismo: el Cristo reflejado en el rostro del venezolano enfermo.

En Miércoles Santo, Caracas se rinde ante el Nazareno de San Pablo —venerada talla sevillana del siglo XVII cargada en hombros por la grey devota— de la que se dice que cada año se inclina más bajo el peso de los pecados del mundo. ¿Por dónde camina hoy ese mismo Cristo? ¿En qué rincón de esta geografía herida hallamos al «Hombre» al que se refería Pilatos? La respuesta no habita en templos de incienso y mármol, sino en el aire denso de nuestros hospitales.

No he de ir muy lejos para encontrar al Ungido. Me basta recorrer este Gólgota de concreto y diez pisos donde decidí ejercer mi vocación. No busco una talla de cedro; el Cristo venezolano tiene la piel cetrina de nefrópata, el hambre vieja del tuberculoso y la mirada de abandono de quien sabe que morirá solo. Su único vínculo con el mundo es un teléfono barato, esperando la conexión que le traiga, por última vez, el consuelo de la voz y la imagen del hijo que se marchó lejos.

«Ecce Homo», exclamó el prefecto romano ante Nuestro Señor; «Ecce Homo», exclamo yo hoy ante el enfermo que debo ver en el piso 10. Allí, entre sábanas raídas que huelen a orín y olvido, está «El Hombre», manifestando en su divinidad sufriente el drama de un ciudadano que es, a la vez, el de toda una nación. Porque la Pasión de hace dos milenios se verifica a diario en la revista médica de las siete de la mañana.

El látigo romano ha sido sustituido por la engañifa discursiva de la «Venezuela potencia». Cada vez que las voces normalizadoras proclaman que «Venezuela se........

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