menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Tres febreros, por Gustavo J. Villasmil Prieto

25 0
21.02.2026

Tres febreros, por Gustavo J. Villasmil Prieto

A la memoria de mi condiscípulo y colega, el doctor Agustín Mallén Parra, testigo presencial de aquellos tres febreros tras los que nunca más volvimos a ser los mismos.

Febrero de 1983, día 18. En la calle, la gente corría afanada comprando chocolates y ositos de peluche; muy por el contrario, para nosotros en el Vargas la jornada era de puro susto: era día de examen de Anatomía.

En la sala de disección, uno a uno, los estudiantes se inclinaban sobre el cadáver de un desconocido para desentrañar ante el jurado los secretos de sus arterias, vísceras y nervios. Mientras tanto, en las taquillas de los bancos, comenzaban los tumultos de quienes exigían retirar sus haberes.

—»¡Pana!» —exclamó Agustín a los que hacíamos cola esperando el examen, mientras blandía enrollada la edición del día de Últimas Noticias—, «¡aquí está pasando una vaina grave!».

Razón tenía: ese día morían la ilusión del «petróleo infinito» y la de una moneda dura cuyo poder de compra nos hizo sentir dueños del mundo. Fue el día en que descubrimos, con el rigor de un corte de bisturí, que nuestra opulencia no había sido sino tejido adiposo sostenido por una renta volátil. Era el fin de nuestra inocencia económica, del «¡’tá barato, dame dos!».

Razón tenía: ese día morían la ilusión del «petróleo infinito» y la de una moneda dura cuyo poder de compra nos hizo sentir dueños del mundo. Fue el día en que descubrimos, con el rigor de un corte de bisturí, que nuestra opulencia no había sido sino tejido adiposo sostenido por una renta volátil. Era el fin de nuestra inocencia económica, del «¡’tá barato, dame dos!».

¡Muchachos inocentes! Nunca presentimos que aquella mañana contemplábamos, al mismo tiempo, dos cadáveres: el del pobre infeliz cuyo cuerpo nadie........

© Tal Cual