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La coexistencia, por Gisela Ortega

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23.03.2026

La coexistencia, por Gisela Ortega

Correo: [email protected]

Vivir es convivir, coexistir. La coexistencia supone la relación entre personas pertenecientes a diferentes colectivos sociales y culturales que cohabitan en un mismo espacio y tiempo, insinúa el tener que ver los unos con los otros.

Los otros son los semejantes capaces de respondernos con sus reacciones en un nivel aproximadamente igual al de nuestras acciones, por lo tanto de correspondernos de ser solidarios. Surge el trato social, función vital que consiste en sentirse la persona formando parte de una sociedad.

Toda sociedad requiere para existir, un mínimo de buenas maneras que actúen como soportes sociales que intercalándose entre los individuos tornen menos difíciles las presiones de unos sobre otros.

Pero vivimos en plena disociación y todos hemos sido víctima, en mayor o menor grado, del mal trato, la descortesía y la ausencia de buenas cualidades de que hacen gala funcionarios y empleados que, al sentirse investidos de autoridad, abusan de ella olvidando que las exigencias de un buen servicio les obliga a supeditar su vida individual a su vida oficial.

Pero vivimos en plena disociación y todos hemos sido víctima, en mayor o menor grado, del mal trato, la descortesía y la ausencia de buenas cualidades de que hacen gala funcionarios y empleados que, al sentirse investidos de autoridad, abusan de ella olvidando que las exigencias de un buen servicio les obliga a supeditar su vida individual a su vida oficial.

Desde el punto de vista más amplio, funcionario y empleado público es toda persona que realice o contribuya a que se lleven a cabo trabajos esenciales y específicos del Estado, es decir fines públicos propios del mismo.

La frecuencia de esos abusos parece indicar que no son anomalías en sí sino reflejo y resultado inevitable de usos que son malos y a los cuales, por lo mismo, hay que atacar de raíz. El obstáculo en definitiva es un problema de educación, de cultura, de lo que Platón llamaba «pedagogía social», al aconsejar que hay que educar a la ciudad para instruir al ciudadano para el bien común y la justicia dentro de la polis (Estado).

Se entendía como la formación moral desde la infancia, donde la ética y la política convergen, formando personas capaces de gobernar y ser gobernados justamente.

La pedagogía social moderna es una disciplina clave para otorgar a las personas las herramientas necesarias para que sepan cómo vivir en sociedad, promover su desarrollo social y mejorar su calidad de vida. La educación social es la base de esta norma pedagógica.

Pablo Natorp, (1854-1924) filósofo y pedagogo alemán, considerado como el padre de la Pedagogía Social a comienzos del siglo XX en Alemania, asumía el valor de la educación del individuo dentro de un colectivo que le reconocía; tanto su objeto como su finalidad eran netamente sociales, enmarcados en lo cultural.

Vivimos en un ambiente de nivelaciones, se nivela la cultura, hasta caer, en una total inversión de valores en que lo superior, precisamente por serlo, es inapreciable y en su lugar caemos en la descortesía y en su lugar triunfa la chabacanería tanto en el hablar como en el actuar.

En el que las buenas maneras son rechazadas como formas decadentes ya superadas, en que el hacer uso de ellas parece humillante pero a la vez se hace del humillar un culto y una profesión.

Es necesario que en todos los niveles de la administración pública, se ofrezca el mejor respeto, tratamiento y consideración a las personas que acuden en solicitud de servicios.

Que haya unas relaciones más armónicas, de sonrisas, de saludos devueltos, de eficaz atención hacia el ciudadano, para que sea un proceso profundo de pedagogía social…

*Lea también: La espera desespera, por Estilito García

La coexistencia se refiere generalmente al feliz contubernio entre seres distintos, distinto color, aptitud, preferencia política y un largo etcétera. Sin embargo ha surgido una nueva especie, los therians. Es la última moda entre los adolescentes.

A veces caminan en cuatro patas, maúllan o ladran, tienen profunda conexión con tal o cual animal y en la cabeza llevan una máscara que lo representa. Coexisten en su cabeza el alma animal y la humana. Además de eso, ¿qué tendrán en la cabeza?

A veces caminan en cuatro patas, maúllan o ladran, tienen profunda conexión con tal o cual animal y en la cabeza llevan una máscara que lo representa. Coexisten en su cabeza el alma animal y la humana. Además de eso, ¿qué tendrán en la cabeza?

Cuentan que a un Uber se subió un therian con máscara de perro. «¿Adónde va?», preguntó el taxista. «¡Guau, guau!», fue la contestación.

Gisela Ortega es periodista

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.

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