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Las guerras de Ucrania e Irán abren el negocio de los drones de cartón para ataques aéreos masivos

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01.04.2026

Las guerras de Ucrania e Irán abren el negocio de los drones de cartón para ataques aéreos masivos

Su precio ronda los 3.000 euros, pueden ser de un solo uso y, en enjambre, despistan a millonarios sistemas de defensa antiaérea

Un dron Papydrone durante unas pruebas realizadas para el ejército de Corea del Sur / The Peach

La pantalla del radar se llena de los mismos puntos luminosos que pronto se harán materializarán en el cielo. La IA trata de ordenar millones de datos de esos puntos para afinar la puntería de las baterías antiaéreas. Sistemas de detección y neutralización que cuestan millones de euros, desbordados por enjambres de pequeños aparatos voladores que se aproximan. Unos llevan una carga mortal de explosivo; otros, nada. Unos vuelan para destruir objetivos; los otros, para enloquecer a los defensores, que no sepan a qué amenaza dedicar cada uno de sus cada vez más escasos cohetes y proyectiles. La escena se repite en cada bombardeo masivo nocturno que sufre Ucrania, y en las respuestas de Kiev en refinerías y bases rusas; y también se ha dado en algunas oleadas con que Irán ha superado el “techo de hierro” israelí. Es el efecto que retorna a la jerga militar con un nuevo significado, más robótico, más distópico: ataque de saturación.

En ese recuperado esquema de guerra, sus ideadores procuran no solo apabullar con la masa; también que su ataque masivo sea mucho más barato que las defensas que se ve obligado a derrochar el adversario.

Es el centro de un nuevo nicho de los arsenales, y por tanto también de la industria del armamento, inimaginado cuando, en febrero de 2022, pesadas columnas acorazadas rusas violaban la frontera de Ucrania dando inicio a la calamidad que está cambiando tantas cosas. Se empezó a ver cuando los vecinos de Jarkov, en 2024, al salir de sus refugios, entre los restos humeantes de drones y cohetes rusos verdaderos encontraban alas y colas de porespán de los drones falsos que también habían participado en el ataque nocturno.

La innovación del Kremlin se queda de momento en drones-señuelo de polímero. Su rival ucraniano lleva tiempo explorando con aparatos aún más baratos, incluso de cartón. La clave en este rincón de la guerra es hacer el máximo daño con el mínimo coste. En ello trabajan ingenieros ucranianos, pero también australianos, japoneses… y españoles, igual que observan los ejércitos de esos países, y, aquí, expertos del Mando de Artillería Antiaérea.

Cuando la ingeniería Sypaq, con sede en Melbourne, fue premiada como industria más innovadora por la Australian Financial Review, no fue por las sofisticadas y complejas soluciones de guerra electrónica o de comunicaciones con que surte al ejército australiano, sino por un invento humilde a que llaman Corvo.

Se trata de un dron de cartón. Se empaqueta despiezado en cajas planas apilables. Se desembala, se sacan las piezas de la matriz, se fijan con la cinta adhesiva que incluye el lote, se le instalan el motor, la hélice, el receptor… listo en 30 minutos. La empresa lo explica como “un sistema de aeronave no tripulada que toma el principio de montaje de IKEA y lo aplica al campo de batalla”.

Más o menos, lo que andan buscando los oficiales en el frente: palés europeos, de no más de un metro de altura, llenos de drones acoplables como juguetes de aeromodelismo, empacados en cajas planas y ligeras, fáciles de transportar y almacenar, o sea, de baja huella logística. Y una vez en la línea de combate, fácilmente ensamblables sus piezas de cartón forradas con cera, por si llueve. Y si se pierden, que su caída le suponga un coste mínimo al presupuesto de la guerra: 3.200 euros de media.

Una de las claves que favorecen a los drones de cartón en el frente: ser apilables en palés ligeros. En la foto, el Corvo de la australiana Sypaq, pionero en esta arma / Sypaq

El promotor del dron militar de cartón es David Vicino, hijo de un oficial de la fuerza aérea australiana. El invento llegó antes de la actual fase de la guerra europea, en 2019, cuando se les ocurrió cómo hacer llegar al frente pertrechos ligeros pero vitales: una carga de munición o una bolsa de plasma sanguíneo, por ejemplo.

En Sypaq desarrollaron el dron Corvo PPDS. Las siglas significan Sistema de Entrega de Precisión de Carga Útil. La máquina protagonizó un pequeño contrato del ejército australiano, de poco más de un millón de euros. Pero, iniciada la guerra en Ucrania, Canberra quiso ayudar al país invadido y encargó una nueva remesa. Sypaq la tenía fabricada en seis semanas. En Ucrania los recibieron, los probaron… empezaron a modificarlos metiéndoles hasta dos kilos y medio de explosivos.

En agosto de 2023, el ejército ucraniano afirmó haber destruido cinco cazas rusos en un aeródromo en Kursk, 170 kilómetros Rusia adentro. De Rusia trascendió el detalle de que el ataque se hizo con un enjambre de drones, y que entre ellos volaban los avioncillos de cartón de Sypaq.

En Occidente aún se trabaja en prototipos. Francia, Alemania, Polonia, Italia y el Reino Unido anunciaron el pasado 20 de febrero una alianza para fabricar drones de bajo coste. Hay partidarios de esta nueva arma que le ven, no obstante, defectos. El principal es a la vez su virtud: la ligereza. “Desarrollarlo en cartón tiene ventajas logísticas y de costes, pero el viento es un problema. Si hace mucho viento, sobre todo racheado, el operador del dron tiene muy difícil manejarlo”, explica el ingeniero gallego Iván Sal. En su compañía, Asedios, tienen el dron low-cost en su hoja de ruta industrial, y ya han probado materiales diversos.

Imagen del vídeo de una prueba con un dron de cartón Papydrone en un campo de ejercicios del ejército de Corea del Sur / The Peach

De momento ganan las fibras plásticas, el material que usan rusos, turcos e iranís para sus drones pesados y de largo alcance -Geran, Bayraktar y Shahed-, y las resinas procesables por impresoras 3D, pero en Asedios no descartan la madera de balsa como una posibilidad. “Sería necesario que la unidad militar tuviera una sierra láser para recortar los patrones. Algunas cortadoras pesan 200 kilos, pero otras cortan madera de un centímetro de grosor y no pesan más de 3 kilos ni ocupan más de un folio A3”, explica Sal.

Su start-up prepara modelos de robots interceptores de otros drones para una demostración ante el Ejército de Tierra en Viator, la base almeriense de la Legión, este mes de abril. No acudirán allí drones low cost como los australianos, pero en otros talleres de innovación de las Fuerzas Armadas ha quedado ya confirmada que Defensa también está buscando productos en ese nicho.

Otra joven compañía, la surcoreana The Peach, desarrollaba su propio avión militar de cartón en 2019, al tiempo que los australianos. Y, como ellos, ha surtido ahora también al ejército de su país.

Su máquina, el PapyDrone, ha sido probada en campos de maniobras del ejército de Corea del Sur, aunque el ensayo más elocuente que han publicado es el de un dron de cartón FPV (con cámara que transmite vídeo) para simular un ataque desde una embarcación a otra. En minutos se consuma, y hasta una pantalla con sistema operativo Android llegan las imágenes del objetivo cada vez más cerca hasta ser alcanzado. Primer cliente europeo: el ministerio de Defensa de Polonia, preocupado por los drones rusos que han entrado en su espacio aéreo.

Imagen de un vídeo promocional de la start up japonesa AirKamuy, mostrando su dron de cartón de uso dual / AirKamuy

De la misma forma que, en masa, pueden noquear al radar por saturación, los drones de guerra de bajo coste pueden pasar inadvertidos al detector cuando vuelan en solitario para un ataque como el mencionado, porque su huella radar individual es mínima.

Coreanos y australianos llevan algo más de tiempo trabajando en este tipo de armamento que los japoneses, que desarrollan un dron ligero para trabajos civiles, y también para misiones militares.

Es el caso del AirKamuy 150, otro aparato de cartón prensado sobre el que la firma japonesa de ese nombre negocia con el ministerio de defensa nipón. El objeto de la negociación, según la firma, es el desarrollo de drones interceptores de otros drones para sumar al escudo antiaéreo del país.

AirKamuy consigue mucha difusión de sus pruebas en redes sociales. Se han lanzado al negocio, como start up surgida en la universidad de Nagoya, dos socios: Takumi Yamaguchi trabajaba para la firma Rakuten de telefonía móvil, y Shogo Kobayashi en el área de proyectos militares del gigante industrial Subaru. Sus currículos acreditan la ósmosis entre el mundo civil y el de la defensa

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