Las guerras de Ucrania e Irán abren el negocio de los drones de cartón para ataques aéreos masivos
Las guerras de Ucrania e Irán abren el negocio de los drones de cartón para ataques aéreos masivos
Su precio ronda los 3.000 euros, pueden ser de un solo uso y, en enjambre, despistan a millonarios sistemas de defensa antiaérea
Un dron Papydrone durante unas pruebas realizadas para el ejército de Corea del Sur / The Peach
La pantalla del radar se llena de los mismos puntos luminosos que pronto se harán materializarán en el cielo. La IA trata de ordenar millones de datos de esos puntos para afinar la puntería de las baterías antiaéreas. Sistemas de detección y neutralización que cuestan millones de euros, desbordados por enjambres de pequeños aparatos voladores que se aproximan. Unos llevan una carga mortal de explosivo; otros, nada. Unos vuelan para destruir objetivos; los otros, para enloquecer a los defensores, que no sepan a qué amenaza dedicar cada uno de sus cada vez más escasos cohetes y proyectiles. La escena se repite en cada bombardeo masivo nocturno que sufre Ucrania, y en las respuestas de Kiev en refinerías y bases rusas; y también se ha dado en algunas oleadas con que Irán ha superado el “techo de hierro” israelí. Es el efecto que retorna a la jerga militar con un nuevo significado, más robótico, más distópico: ataque de saturación.
En ese recuperado esquema de guerra, sus ideadores procuran no solo apabullar con la masa; también que su ataque masivo sea mucho más barato que las defensas que se ve obligado a derrochar el adversario.
Es el centro de un nuevo nicho de los arsenales, y por tanto también de la industria del armamento, inimaginado cuando, en febrero de 2022, pesadas columnas acorazadas rusas violaban la frontera de Ucrania dando inicio a la calamidad que está cambiando tantas cosas. Se empezó a ver cuando los vecinos de Jarkov, en 2024, al salir de sus refugios, entre los restos humeantes de drones y cohetes rusos verdaderos encontraban alas y colas de porespán de los drones falsos que también habían participado en el ataque nocturno.
La innovación del Kremlin se queda de momento en drones-señuelo de polímero. Su rival ucraniano lleva tiempo explorando con aparatos aún más baratos, incluso de cartón. La clave en este rincón de la guerra es hacer el máximo daño con el mínimo coste. En ello trabajan ingenieros ucranianos, pero también australianos, japoneses… y españoles, igual que observan los ejércitos de esos países, y, aquí,........
