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La lista fascista y sus voluntarios

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14.08.2026

“El Ur-Fascismo puede volver bajo las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice cada una de sus nuevas formas.”Umberto Eco, El fascismo eterno

“El Ur-Fascismo puede volver bajo las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice cada una de sus nuevas formas.”

El gobierno exhibe una lista negra de periodistas, políticos y medios. Después, la funcionaria que la presentó —no deja de ser irónico y sintomático que se trate de la consejera jurídica de la Presidencia— niega que se trate de una lista. Nada extraño: en la 4T de los eufemismos, las cosas dejan de ser lo que son en cuanto alguien las llama por su nombre… y una lista puede convertirse, con suficiente presupuesto público, en cualquier otra cosa.

Llamémoslas así, por lo que son. Luisa María Alcalde no apareció para defender jurídicamente una política pública, sino para producir propaganda partidista desde Palacio Nacional. El Estado fue puesto al servicio de la defensa de la 4T, que no es una institución constitucional ni un sinónimo de México: es la marca electoral de Morena. Así de grave, aunque los simpatizantes obradoristas que “habitan” en la prensa quieran minimizarlo. Al parecer, la separación entre partido y gobierno también resultó neoliberal...

Ahí está el primer abuso: no se defendió al Estado mexicano; se defendió al movimiento partidista. El gobierno utilizó a Presidencia, servidores públicos, cámaras, producción y canales oficiales para presentar una lista de quienes le resultan incómodos. Todo pagado por los contribuyentes, incluidos los propios contribuyentes enlistados. La austeridad alcanza para muchas cosas, especialmente para la propaganda.

La lista no es inocua. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo y uno de aquellos donde los asesinatos de comunicadores quedan impunes con mayor frecuencia. En esas condiciones, el señalamiento desde la tribuna presidencial puede elevar riesgos, legitimar hostigamientos y producir autocensura. La militancia más fanatizada no suele distinguir entre una crítica formulada desde el poder y una instrucción para atacar. Tampoco parece tener demasiado interés en aprender la diferencia.

Sin embargo, intimidación y distracción no son explicaciones excluyentes. Ahí reside la perversidad de la maniobra: intimida a unos, halaga a otros y entretiene a todos. Eficiencia gubernamental, finalmente, aunque aplicada al ramo equivocado.

Alcalde colocó una trampa hecha de vanidad y muchos corrieron a tomarse la fotografía dentro de ella. No les entregó una orden de aprehensión; les prendió una medalla imaginaria y muchos de los........

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