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Dos Bocas: la refinería que solo refina excusas

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“Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa”.Antonio Machado

“Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa”.

“Una mentira puede recorrer medio mundo mientras la verdad se está poniendo los zapatos”.Mark Twain

“Una mentira puede recorrer medio mundo mientras la verdad se está poniendo los zapatos”.

En la tómbola del poder —esa que Morena usa para designar a quién se quería de antemano o, bien, para un “culpa a otro”— la 4T sacó esta semana una combinación perfecta: el rayo, la lluvia y la coartada.

Primero fue un rayo, sí, un rayo, la explicación oficial para la tragedia en Dos Bocas.

Pero lo cierto es que una refinería sin pararrayo y que no resiste una tormenta no es una refinería: es un error estructural con presupuesto público. Y entonces surge la pregunta incómoda: cuando el rayo cae donde no hay pararrayos… ¿es accidente o es omisión?

Pero el rayo duró poco.

Entonces vino la segunda versión: lluvias intensas, desborde de aguas aceitosas, la naturaleza desatada.

El clásico manual para culpar al clima (versión Dos Bocas).

Lo que no dijeron —porque decirlo implicaría admitir negligencia— es por qué había residuos de hidrocarburos acumulados en condiciones listas para desbordarse. Y eso no lo provoca la lluvia.

Eso lo provoca la mala gestión. Porque aquí no estamos ante un accidente aislado. Estamos ante una cadena de decisiones que tiene nombre, apellido y cargo: Rocío Nahle, bajo el gobierno de López Obrador.

La misma que aseguró que la refinería era segura. La misma cuya obra hoy se resume en otra frase más precisa: la refinería que no refina, pero sí mata.

Cinco muertos confirmados. Cuatro de ellos, trabajadores externos. Sí subcontratados. Justo eso que la 4T prometió erradicar... Pero ya se la saben: la ley, en este régimen, funciona como muchas de sus obras: en el discurso sí; en la realidad no.

Dos Bocas también es el monumento perfecto al descontrol presupuestal: 8 mil millones proyectados, casi 24 mil millones gastados… y una operación que apenas logra simular normalidad. Porque Dos Bocas no produce gasolina con consistencia. Produce algo más útil para el régimen: narrativa. Algo así como: Tres pretextos y un incendio: anatomía de Dos Bocas.

Desde el inicio, las advertencias fueron claras: terreno inundable, destrucción de manglares, riesgos operativos. Pues bien, todo ocurrió.

Nada se corrigió. El llamado “humanismo mexicano” no alcanzó para diseñar infraestructura segura, pero sí para justificar lo injustificable.

Hoy, decir que Dos Bocas funciona es una concesión retórica: funciona como símbolo, como gasto, como capricho… pero no como refinería.

Las tragedias no son anomalías en este proyecto. Son consecuencias. Consecuencias de construir desde la lealtad política y no desde la técnica.

Consecuencias de priorizar tiempos electorales sobre estándares industriales. Consecuencias de robar, de servirse de los contribuyentes. Una obra que nació mal, creció peor y hoy se administra con excusas.

Dos Bocas no es solo una refinería fallida. Es un sistema completo de corrupción, de malversación, de evasión de responsabilidades.

Un mecanismo donde todo tiene explicación… pero no culpables procesados.

Y lo que sigue es predecible.

La historia oficial se estabilizará.

La información se reservará.

Dos Bocas: entre la tormenta y la mentira. ¿Los muertos? Daño colateral. ¿Los errores? El clima. ¿La verdad? Esa, como siempre, llegará tarde.

Ya que no sucederá mientras Morena “gobierne”, hagamos votos para ver a Nahle procesada y tras las rejas. Que goce de su soberbia y dinero mal habido ahora, pero que pague con la cárcel después.

En el entorno político de la 4T ya se mueve una operación silenciosa: despegar a Rocío Nahle del costo de Dos Bocas. No corregir la obra, no explicar la tragedia: administrar el desgaste.

Porque en este modelo llamado Regeneración Nacional, las crisis no se resuelven… se redistribuyen.


© SDP Noticias