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Impronta fascista

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18.05.2026

Importada de los símbolos empleados por los romanos en su época imperial, emana la palabra fasci que después derivó y popularizó Mussolini como fascismo; el origen de ese vocablo refería un enlace de varas que se mostraba como culto e implicaba una especie de armado para construir unidad.

La pervivencia del fascismo después de la segunda guerra mundial no ha tenido éxito como despliegue abierto, pero sí como influencia en ciertos regímenes políticos; desde luego, no se ha implantado como tal en México, pero su genética ha sido transmitida hacia el populismo, al tiempo de constituirse en una fuente que aporta acerbos y pautas que, de vez en vez, buscan reproducirse mutando su forma. La deriva populista generó modalidades sustentadas en fundir el liderazgo del líder con el pueblo, pero para hacerlo fue necesario fraccionarlo en dos partes antípodas; de un lado el pueblo auténtico, el pueblo trabajador, el pueblo bueno, el pueblo sabio; del otro el que representaba a una élite repudiable: Se Trata de una división orientada a producir una cesura o antinomia en dos clases, en donde una de ellas aparece como la legítima expresión del pueblo, en tanto la otra se presenta como execrable.

Uno de los tópicos más acendrados que reporta el traslado empático entre fascismo y populismo se refiere al culto del líder por encima del marco de las instituciones. En 1940 Hitler respondería a la pregunta auto formulada de ¿qué soy yo?, para señalar que no soy más que el portador de la voz del pueblo alemán; en sentido casi idéntico, tanto Hugo Chávez como Andrés Manuel López Obrador señalaron, cada uno por su parte y en distintos momentos: ya no me pertenezco, le pertenezco al pueblo.

De hecho, la........

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