Ya no es errático… es impredecible
Si la fase anterior mostraba desgaste, la actual empieza a exhibir algo más delicado: inestabilidad.
La conducta reciente de Donald Trump no solo refleja presión. Refleja contradicción. Y la contradicción sostenida en el ejercicio del poder no es un detalle menor. Es una señal de alerta.
Primero anuncia que se retirará de Irán, argumentando que su intervención no ha sido valorada, que su intención era “ayudar al mundo”, preservar el orden energético global y evitar un conflicto mayor. Se coloca como garante de estabilidad. Pero la narrativa dura poco. Horas después, la postura cambia: vuelve a la confrontación, endurece el tono y amenaza con “acabar con Irán” y “enviarlos a la Edad de Piedra”.
Ese tipo de oscilación no es táctica. Es inconsistencia.
Y cuando la inconsistencia se instala en la conducción del poder, el problema deja de ser estratégico. Se vuelve estructural.
A esto se suma un elemento aún más preocupante: el entorno que lo rodea.
El secretario de Defensa ya no actúa como contrapeso. Actúa como acelerador. No modera: amplifica. No contiene: empuja. Y en ese papel, no solo endurece la narrativa hacia afuera, sino que empieza a reconfigurar los equilibrios hacia adentro, desplazando figuras, reduciendo márgenes de influencia y operando con una lógica que sugiere algo más que alineación. Sugiere agenda propia.
En ese mismo contexto, el inesperado despido de la fiscal Pam Bondi no puede leerse como un hecho aislado. Se inserta en la misma lógica de reacomodo interno, de ajuste de piezas y de eliminación de márgenes incómodos. No es solo una........
