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Los herederos del poder

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monday

Toda época termina produciendo herederos. Los produce la política, los produce la economía, los producen las revoluciones, los producen los imperios, los producen los grandes liderazgos y los producen incluso los errores y los fracasos. Y quizá ahí radique una de las preguntas más importantes de nuestro tiempo: ¿quiénes serán los herederos del poder? Pero existe una pregunta todavía más inquietante y probablemente mucho más trascendente: ¿herederos de qué?

Porque una cosa es heredar una nación fortalecida, instituciones respetadas, una sociedad cohesionada y una visión compartida de futuro. Y otra muy distinta es intentar heredar las ventajas políticas derivadas del caos, de la polarización, de la confrontación permanente y de las fracturas de lo que otros ayudaron a construir. Una cosa es recibir una casa en orden; otra muy distinta es pretender apropiarse de los beneficios obtenidos después de haber contribuido a incendiarla.

Durante años, en distintas regiones del mundo, surgieron dirigentes, movimientos y corrientes políticas que descubrieron algo extraordinariamente rentable: dividir genera beneficios políticos. Confrontar moviliza emociones. Alimentar agravios produce seguidores. Identificar enemigos simplifica discursos. Polarizar facilita la construcción de identidades. Gobernar mediante la tensión permanente suele resultar más sencillo que gobernar mediante acuerdos. Prometer grandeza suele ser más fácil que construirla. Señalar culpables genera más aplausos que asumir responsabilidades. Desacreditar instituciones produce resultados inmediatos, aunque termine debilitando los cimientos mismos sobre los que descansa una democracia. Convertir el resentimiento en combustible político suele producir dividendos más rápidos que construir confianza, y fomentar la indignación permanente suele generar más réditos que promover la reflexión.

El problema es que toda estrategia termina generando consecuencias, y las consecuencias también tienen herederos.

Por eso el gran debate de nuestro tiempo ya no gira exclusivamente alrededor de Donald Trump, de Joe Biden o siquiera de los partidos tradicionales. El verdadero debate consiste en identificar quiénes pretenden heredar las estructuras políticas, culturales y emocionales construidas durante años de confrontación. Porque los hombres pasan, pero los métodos permanecen; las figuras desaparecen, pero las narrativas sobreviven; los liderazgos concluyen, pero las heridas continúan abiertas. Los gobiernos terminan, pero las consecuencias de sus decisiones suelen extenderse mucho más allá de los calendarios electorales.

La historia ofrece innumerables ejemplos. Después de Napoleón vino el bonapartismo. Después de Perón vino el peronismo. Después de De Gaulle vino el gaullismo. Después de Castro vino el castrismo. Después de Chávez vino el........

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