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El tirano mesiático se cree Dios... Y el papa se atreve a callarlo

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19.04.2026

No fue un despertar. Fue una irrupción… y cada vez se parece menos a una reacción y más a una decisión. Papa León XIV ya no está ausente: habla, señala, incomoda, interviene y empieza a incidir. Llamar “guerra criminal” a lo que ocurre y pedir a la ciudadanía que presione a sus representantes para detenerla no es retórica habitual; es una entrada directa al terreno donde chocan poder y moral. Y ese salto reordena el tablero. Pero no borra lo anterior: desde su entronización no había pintado; su presencia fue tenue, su voz escasa, su incidencia prácticamente nula frente a un mundo en ebullición. A la sombra del Papa Francisco, su figura lucía inocua, casi invisible. La crítica fue clara: llegó tarde, calló cuando debía hablar, pareció ausente cuando el mundo ardía. Por eso lo importante no es solo que hoy hable, sino cuándo decidió hacerlo: cuando el conflicto ya escaló, cuando el desgaste del poder es visible, cuando las fisuras ya no se pueden ocultar. ¿Reacción… o cálculo? ¿Impulso… o timing milimétrico?

Hay dos lecturas. La primera: el choque con Donald Trump lo obligó a salir; lo empujó, lo expuso, lo activó. La segunda: esperó. Dejó que el exceso se exhibiera, que el ruido saturara, que el desgaste se acumulara… y eligió el momento exacto para........

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