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El pseudo emperador ahora quiere silenciar a México

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11.05.2026

LOS CONSULADOS EN LA MIRA Y LA DIPLOMACIA DEL MIEDO

Donald Trump parece haber entrado en una nueva fase de su lógica política: ya no le basta tensar relaciones comerciales, amenazar con aranceles o utilizar la migración como arma electoral. Ahora empieza a tocar algo todavía más delicado: la presencia diplomática mexicana en Estados Unidos. Y aunque para algunos podría parecer un asunto técnico o burocrático, el fondo es muchísimo más profundo y peligroso.

Porque los consulados mexicanos no son simples oficinas administrativas. Son puntos de protección, identidad, asistencia y defensa para millones de mexicanos que viven, trabajan, estudian o sobreviven del otro lado de la frontera. Para muchísimos de ellos, el consulado no representa solamente diplomacia: representa refugio institucional mínimo frente al miedo, la incertidumbre y la vulnerabilidad cotidiana. Y precisamente por eso el tema resulta tan explosivo.

La posibilidad de revisar, limitar o incluso cerrar consulados mexicanos en territorio estadounidense no debe entenderse únicamente como una medida diplomática. Debe leerse como parte de una lógica política mucho más amplia: la utilización permanente del conflicto exterior como herramienta de control interno, propaganda y espectáculo electoral.

Trump entendió desde hace años que confrontar vende. Confrontar moviliza. Confrontar distrae. Confrontar fabrica enemigos útiles. Y México ha sido históricamente uno de sus blancos favoritos. Primero fueron los migrantes, convertidos en amenaza discursiva permanente. Después la frontera, utilizada como símbolo de invasión y miedo. Más tarde los cárteles, elevados a argumento de seguridad hemisférica. Luego los aranceles y el chantaje comercial. Después el T-MEC utilizado como mecanismo de presión política. Más tarde las remesas. Luego el fentanilo. Y ahora los consulados.

Pero hay algo todavía más grave que tampoco puede olvidarse: ICE. Porque mientras el debate público gira entre elecciones, aranceles y amenazas diplomáticas, la maquinaria migratoria estadounidense sigue operando. Quizá con menos visibilidad mediática momentánea, pero sigue ahí. Redadas. Separaciones familiares. Detenciones. Deportaciones aceleradas. Centros de retención cuestionados. Vejaciones. Abusos. Muertes. Y entre las víctimas, muchísimos mexicanos y latinoamericanos atrapados durante años entre el miedo, la persecución administrativa y el uso político de la migración como espectáculo de poder.

Y lo más brutal es que gran parte del sistema terminó normalizando lo intolerable. Porque el problema ya no es solamente migratorio. Es humano. Cuando un gobierno convierte personas vulnerables en herramienta narrativa para sostener popularidad, el deterioro moral ya empezó desde hace mucho tiempo.

Todo termina entrando en la misma narrativa: la del tirano que necesita enemigos permanentes para sostener cohesión interna mientras vende la imagen del hombre fuerte dispuesto a “poner orden” frente a amenazas externas. Porque el problema ya no es únicamente político. Empieza a ser psicológico. Trump ya no parece........

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