Desorden y caos: la huella de Trump
Más que una estrategia, lo que empieza a observarse es un patrón: desorden, reacción y decisiones que avanzan sin contención.
El escenario se ha ido cargando por acumulación. Una escalada en Medio Oriente que ya no es solo regional, ataques que alcanzan infraestructura energética y tensan rutas críticas como el estrecho de Ormuz, mercados que reaccionan en minutos trasladando el conflicto a precios, inflación y expectativas, y, en paralelo, un frente interno en Estados Unidos que comienza a resentirse: recortes, riesgo de shutdown y señales de disfunción en servicios clave.
Ese es el contexto. Y en ese contexto ocurre algo más delicado: la narrativa que sostiene la guerra empieza a resquebrajarse desde dentro.
La renuncia de Joe Kent, hasta hace poco el funcionario de más alto nivel en materia de antiterrorismo, no fue un trámite administrativo. Fue una señal. Un operador con experiencia directa en inteligencia decide apartarse y, además, cuestiona el supuesto central: que Irán represente una amenaza inminente para Estados Unidos. En el lenguaje de la seguridad nacional, eso es dinamita, porque desmonta el argumento clásico de urgencia que suele justificar una intervención.
A esa duda se suman voces como la de John Brennan, ex director de la CIA, quien también ha puesto en entredicho la existencia de una base sólida de inteligencia sobre un peligro nuclear inminente por parte de Irán. Cuando........
