La hora de la Unidad Nacional
México conoce las horas decisivas.
No son frecuentes. Pero cuando llegan, la historia exige grandeza.
En 1942, el presidente Manuel Ávila Camacho convocó a la Unidad Nacional. El país atravesaba un momento excepcional. No era tiempo de disputas menores. Era tiempo de cerrar filas. Y México respondió.
Respaldaron aquella convocatoria quienes habían encarnado, cada uno a su modo, etapas intensas de la vida pública: los expresidentes Plutarco Elías Calles; Emilio Portes Gil; Pascual Ortiz Rubio; Abelardo L. Rodríguez; Adolfo de la Huerta; y el general Lázaro Cárdenas, quien saludó a Calles, con quien las diferencias eran profundas y conocidas.
No pensaban igual. No representaban las mismas corrientes. No compartieron siempre el mismo proyecto de nación.
Pero compartían algo superior: la convicción de que México estaba por encima de ellos.
Ávila Camacho lo entendió con claridad serena cuando afirmó que “la Nación no podía permanecer indiferente ante el agravio y que era momento de cohesión”. No pidió uniformidad. Pidió unidad.
Esa fue la grandeza de aquella generación: comprender que hay........
