Democracia en tiempos de desorden
Hay intelectuales que estudian la historia desde la distancia académica. Y hay otros que la viven mientras ocurre. Timothy Garton Ash pertenece a esta segunda categoría. No es solamente un historiador. Tampoco es únicamente un periodista o un ensayista político. Es, quizá, algo más raro y más necesario en nuestro tiempo: un testigo intelectual de las grandes fracturas de Occidente.
Por eso resulta profundamente simbólico —y oportuno— que haya recibido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2026. El reconocimiento no premia solamente una trayectoria académica. Premia una forma de entender la democracia liberal en una época en la que muchos parecen haber olvidado por qué vale la pena defenderla.
Las entrevistas concedidas después del anuncio del premio revelan a un pensador preocupado, incluso alarmado, por el estado actual del mundo. Cuando un periodista le preguntó cómo describiría la situación internacional, respondió con una mezcla de ironía y gravedad: “mala”… o, en dos palabras, “muy mala”. La frase resume bien el momento histórico que estamos viviendo.
Vivimos una etapa marcada por la simultaneidad de múltiples crisis: guerras, populismos, fragmentación social, polarización digital, deterioro institucional, ansiedad tecnológica y pérdida de confianza en las democracias liberales. Lo extraordinario es que Timothy Garton Ash anticipó muchas de estas tensiones desde hace años, cuando todavía predominaba el optimismo posterior a la caída del Muro de Berlín. Porque si hay una idea que atraviesa toda su obra es ésta: la democracia nunca está garantizada. Ese aprendizaje no proviene de la teoría abstracta. Proviene de la experiencia histórica.
El profesor de Oxford fue uno de los grandes cronistas de la Europa del Este durante el derrumbe del bloque soviético. Estuvo en Polonia con Solidaridad. Caminó Berlín Oriental antes de la caída del muro. Conoció a Václav Havel. Observó cómo sistemas aparentemente eternos podían desmoronarse con enorme rapidez. Y quizá por eso entiende algo que muchas sociedades democráticas olvidaron después de 1989: la libertad política no es el estado natural de las cosas. Es una excepción histórica extremadamente frágil.
Su libro más reciente, Homelands: A Personal History of Europe, es profundamente revelador en ese sentido. Más que una memoria intelectual, es un recorrido por la historia europea de las últimas décadas, desde la esperanza democrática posterior a la Guerra Fría hasta el regreso de la guerra, el nacionalismo y el........
