Instantáneas de cinismo
En la pasada colaboración se señalaba que el populismo tiene dos derivas: democracia o fascismo. Así es porque la polarización, propia de este, no es un medio eficaz para mantenerse en el poder, se agota con el tiempo. Por ejemplo, en México el obradorismo puede culpar al neoliberalismo de todos los males, lo que sirvió para allanar su arribo al poder. El populismo, al excluir al opositor propicia un desempeño faccioso del gobierno para que, finalmente, haya un desencuentro con la expectativa inicial, lo que conlleva una fuerte cuota de cinismo; rudo desencuentro entre lo que se dice y lo que se hace o sucede.
El problema mayor del modelo populista tiene que ver con la prédica traicionada. La corrupción continúa, se diversifica y normaliza la impunidad que abre de par en par la puerta a la violencia y la criminalidad. El bienestar se confunde con la asignación de recursos directos de corte clientelar, mientras que la salud, educación y calidad del gobierno están por los suelos. La soberanía se vuelve ilusoria ante la debilidad estructural del país. El cinismo y la mentira se entreveran para construir su propia realidad.
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