El octabajo burocrático de México que la 4T mandó a la basura
Recibo de vez en cuando correos electrónicos de Recitativo, una publicación digital española especializada en música clásica. Siempre son interesantes. En el más reciente de sus textos me enteré de la existencia de un instrumento musical que no sirve para nada. Lo inventó en el siglo XIX el artesano Jean-Baptiste Vuillaume, mide tres metros y medio y pesa 130 kilos. Se llama octabajo y es, nada más, una especie de ampliación del contrabajo.
Cuando vi en Google una foto del octabajo me pareció algo así como un violín diseñado para el tierno Gigante Egoísta del cuento de Oscar Wilde o para el más maloso Gargantúa de las historias de François Rabelais. Véase esta imagen.
El octabajo fue creado para producir notas extraordinariamente graves. ¿Las necesitaba la música? Nunca se sabrá porque durante mucho tiempo prácticamente no hubo repertorio para tal instrumento, excepto algo por ahí de un compositor español radicado en Canadá, José Evangelista.
Desde su creación, fue muy difícil construir un octabajo, y todavía más complicado tocarlo. Solo se fabricaron tres ejemplares de la versión original de Vuillaume. Siglo y medio después, el luthier Jean-Jacques Pagès construyó una réplica moderna que en 2016 llegó a la Orquesta........
