La autocrítica no basta: Trump, Bolsonaro y el voto evangélico
He escuchado a muchos analistas centrar su análisis de los resultados de la elección de primera vuelta en Brasil como simplemente un voto de castigo a Lula y al Partido de los Trabajadores (PT). Desde esa mirada toda la narrativa va dirigida a la necesaria autocrítica que debe hacer la izquierda ante lo que parece entenderse como su exclusiva responsabilidad.
Y no es que no se requiera de autocrítica, por supuesto que es así, pero vamos, se están dejado fuera del análisis muchos de los otros factores que están condicionando el giro a la derecha radical, o lo que incluso algunos académicos han catalogado como neofascismo en América Latina y que requieren perspectivas más críticas del desequilibrio que hay en la cancha. Uno de los más importantes: el voto evangélico promovido por una amplia red internacional liderada fuertemente por MAGA (el movimiento Make America Great Again) de Trump.
Las últimas mediciones de Datafolha antes de la elección otorgaban a Flávio Bolsonaro 52% entre los evangélicos frente a 26% de Lula, mientras entre los católicos la relación se invertía: 50% para Lula y 32% para Flávio. Un análisis de UOL que cruza los resultados oficiales del TSE con el Censo del IBGE encontró que, en los municipios con una proporción de evangélicos superior a la media nacional, Flávio obtuvo 52% de los votos válidos, incluso por encima del 48.8% obtenido por Jair Bolsonaro en esos mismos lugares en 2022.
Para comprender estos datos hay que considerar la profunda transformación religiosa del país. De acuerdo con el Censo 2022 del IBGE, los católicos representaban ya 56.7% de la población de diez años y más, frente al 26.9% de evangélicos; en 1991 la relación era aproximadamente de 83% frente a 9%. Es decir, Brasil pasó en tres décadas de tener alrededor de 9 católicos por cada evangélico a tener apenas 2.
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