El debate que Colombia merece
En la historia de las democracias consolidadas, la voluntad de un candidato de comparecer ante la ciudadanía en un debate público no ha sido tratada como un gesto de generosidad ni como una concesión estratégica. Ha sido, invariablemente, un deber: un acto de rendición de cuentas anticipada frente a quienes, en última instancia, otorgan o niegan el mandato. Colombia, sin embargo, parece estar redescubriendo esta verdad elemental con la dolorosa lentitud de quien aprende por la vía del escarmiento propio.
El candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, pasó varios meses evitando sistemáticamente los escenarios de debate público. No asistió al debate Colombia decide su energía organizado por Noticias Caracol. No apareció en el foro de la Federación Nacional de Departamentos, donde los seis candidatos restantes sí hicieron presencia. Su ausencia en este último evento fue calificada por la gobernadora del Meta, Rafaela Cortés, quien presidió el acto, como el lunar negro del evento, después de haberlo invitado incluso por vía telefónica personal y no recibir respuesta. El candidato que quiere gobernar a 52 millones de colombianos no encontró el tiempo para explicarles a las regiones lo que piensa hacer con sus territorios.
Los asesores de campaña del candidato, según trascendió en medios, recomendaron evitar los escenarios de confrontación directa. La lógica es comprensible desde el cálculo electoral: quien lidera las encuestas con un 37,5 % de intención de voto tiene más que perder que ganar en un........
