Colombia ante el espejo venezolano: advertencia final antes del abismo
Colombia enfrenta hoy un riesgo real y creciente de repetir el colapso venezolano, no por azar ni por simples diferencias ideológicas, sino como consecuencia de la adopción de un modelo político que tolera —cuando no legitima— al narcotráfico y a los grupos armados ilegales como instrumentos de poder, debilita la institucionalidad democrática y confronta de manera irresponsable a sus aliados estratégicos.
La imagen de Nicolás Maduro llegando esposado a suelo estadounidense tras ser capturado en Caracas por fuerzas especiales de Estados Unidos no sería propaganda ni humillación simbólica: representaría el desenlace lógico de un régimen criminal que convirtió el narcotráfico en política de Estado. Pero, sobre todo, sería una advertencia inequívoca para Colombia, que hoy avanza por una senda peligrosamente similar.
El problema de fondo no es Maduro; es el modelo. Un modelo en el que el narcotráfico deja de ser una amenaza para convertirse en el motor financiero de la toma y permanencia en el poder, el combustible de alianzas criminales y el blindaje de proyectos autoritarios. Ese fue el camino de Venezuela y, con inquietante similitud, ese mismo patrón comienza a reproducirse en Colombia, como lo evidencia la infiltración de estructuras del Estado por parte de las disidencias de las Farc, entre otras.
El chavismo no emergió como dictadura de la noche a la mañana: se construyó progresivamente, apoyado en grupos armados ilegales, financiado con economías ilícitas, mediante la cooptación institucional y el desmontaje sistemático de los contrapesos democráticos. El resultado fue un narcoestado articulado a redes criminales transnacionales, acusado de dirigir el........

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