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Sin armaduras

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23.08.2026

La única manera de aceptar la vida es aceptar la totalidad de la vida. No una versión editada, no, solamente la que queda bien o la que recibe aplausos; no, únicamente la que nos conviene o que siempre nos hace felices, no. Lamentablemente nadie nos lo dice; debemos llegar a esa conclusión luego de atravesar mucho camino y de ver lo suficiente para convencernos a punta de ensayo y error que así no funciona. La vida es y eso significa que es completa, que es siendo toda, todo y una: luminosa, incómoda, la que nos enorgullece, la que, a veces, preferiríamos dejar por fuera del recuento de nuestra historia, la de los personajes anecdóticos, inolvidables, la de los que es mejor no recordar ni sus nombres, la de los malos seres humanos y en contra posición la de los bienaventurados, la de los seres memorables, entrañables, la de los ángeles en la tierra, la de las alegrías y también la de las catástrofes, porque las hay… y llegan de cuando en vez.

Mientras vamos siendo, la conjugación del verbo contiene buena parte del misterio. En cada relato, ser parece una sentencia definitiva; en cambio, ir siendo admite el movimiento, la contradicción, el error, la transformación y como nos ha tocado tantas veces a los colombianos, la alegría y la tragedia.

Ir siendo nos recuerda que todavía estamos en obra y que, por fortuna, aunque a veces no lo parezca, nadie nos entregó un manual de instrucciones. Si lo hubiera hecho, seguramente lo habríamos perdido.

Carl Jung decía que uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad y yo agregaría que a esa inevitable falta de luz solo........

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