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Mal perdedor

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18.07.2026

La posesión presidencial es el acto más solemne de la república. Puede tener invitados internacionales, arreglos florales y pantallas gigantes, pero nada debe apartarnos de su verdadero sentido: es el momento exacto en que la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas se convierte en autoridad legítima y en ejercicio del poder.

Por eso resulta sorprendente –y profundamente inconveniente para la institucionalidad– el intento del Gobierno saliente de impedir que el presidente electo, Abelardo De La Espriella, jure su cargo en una guarnición militar, ante el Congreso en pleno. La decisión busca, además, rendir homenaje a los hombres y mujeres que arriesgan su vida por Colombia.

¿Por qué Petro se apresuró a prohibir, de manera tajante, el uso de guarniciones militares para la ceremonia? ¿Por qué, en lugar de contribuir a una transición institucional tranquila, seria y respetuosa, decidió abrir una nueva controversia, esta vez por el escenario de la posesión presidencial?

La respuesta parece evidente. A Petro le incomoda que el próximo presidente quiera comenzar su mandato rodeado de la fuerza pública. Le fastidia que el uniforme vuelva a ocupar un lugar de honor. Le desagrada que el nuevo Gobierno quiera enviar un mensaje distinto después de cuatro años de concesiones a los criminales, sospechas........

© Revista Semana