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Hasta aquí nos trajo el río

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tuesday

Hemos visto numerosas veces la misma ceremonia. Dos personas en atuendo deportivo, en frente de unos señores que visten de negro, se dan la mano e intercambian unos banderines, mientras dos grupos del mismo tamaño observan esa insólita reunión; en el medio se ha colocado un objeto esférico que los observadores marcianos creen que es un meteorito.

Como suele ocurrir, la repetición rutinaria de actos como éste explica que no seamos conscientes de su significado. En los albores de la humanidad, el asir recíproco de las manos durante breves segundos, normalmente acompañado de sonrisas y miradas al rostro, denotaba una voluntad de paz: si tenemos las manos asidas, es porque, al menos en apariencia, no portamos armas. Con el transcurrir de los siglos, y en todas las civilizaciones, su carácter simbólico se ha expandido para significar que estamos de acuerdo en alguna cuestión, trivial o importante.

El contexto en el que tales eventos tienen lugar, a veces es suficiente para determinar las normas aplicables, las autoridades que dirimirán las disputas, la equidad en la administración del proceso y la definición de los resultados. En otros, esos consensos son producto de negociaciones que pueden ser complejas. En cualquier caso, para que haya acuerdo debe cumplirse una condición esencial: la confianza de que se participa en un ejercicio leal, transparente y equitativo. Este es el factor subyacente que hace operativos los sistemas jurídicos, como los que emanan de la FIFA, la ONU o la Constitución de Colombia.

Lo hasta aquí dicho tiene especial relevancia en el desarrollo de los comicios que finalizan este domingo; y me sirve de soporte para decir esta obviedad: Si actúan con rectitud, quienes se han inscrito como candidatos han aceptado sus reglas y........

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