Bukele ya no es solo el líder de la seguridad: ahora educa y sana con innovación
Por motivos profesionales, viajo con frecuencia a la República de El Salvador, lo que me ha permitido ser testigo directo de su histórica transformación bajo el liderazgo del presidente Nayib Bukele.
Los resultados de su estrategia para desarticular las organizaciones criminales (Maras 13 y 18) son contundentes: las estadísticas muestran una reducción drástica de la violencia, pasando de 38 homicidios por cada 100.000 habitantes a una tasa de cero para el año 2026.
Esta metamorfosis se fundamenta en tres pilares clave:
Seguridad y justicia: La implementación de una política de Cero Impunidad mediante un régimen de excepción respaldado por los poderes legislativo y judicial. Aunque criticado por ciertos organismos internacionales, el gobierno ha priorizado el derecho a la seguridad de las víctimas sobre el de los victimarios.
Impacto social: La seguridad ha transformado al ciudadano. Hoy es común caminar por las calles y ver rostros sonrientes y personas que saludan con amabilidad, libres del miedo que antes imperaba.
Desarrollo económico: El país se ha convertido en un imán para el turismo y la inversión extranjera. Gracias a incentivos tributarios estratégicos y a la estabilidad social, El Salvador presenta hoy resultados económicos históricos.
Hoy, consolidado como uno de los países más seguros del mundo, El Salvador ha trascendido el éxito del combate a la delincuencia para enfocarse en una visión de largo plazo. El presidente Nayib Bukele ha cimentado el futuro de la nación sobre tres pilares estratégicos: inversión, salud y educación.
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Contrario a lo que sostienen sus críticos, el legado de esta administración no se limita a la pacificación del territorio. El gobierno ha priorizado la transformación social mediante proyectos emblemáticos como Dos escuelas por día, que garantiza infraestructuras dignas y materiales renovados.
El hito más significativo es el cierre de la brecha digital: el país ha evolucionado del lápiz y el cuaderno a la entrega gratuita de tabletas y computadoras para cada estudiante.
Este esfuerzo ha captado la atención de gigantes tecnológicos como Google, que ya colaboran en la digitalización del sistema educativo. Como bien afirma el mandatario: “La seguridad nos devolvió la paz, pero la educación es la que la hará permanente”.
Durante mi reciente estancia en El Salvador, fui testigo de un hito que, en mi opinión, podría superar en trascendencia los logros de seguridad del gobierno actual. En una alocución nacional con un despliegue digital impecable, el presidente lanzó la segunda etapa de Doctor SV, una plataforma de telemedicina desarrollada en alianza con Google que redefine el acceso a la salud.
Lanzada originalmente en 2025, esta herramienta utiliza IA para ofrecer diagnósticos gratuitos mediante videollamadas, recetas electrónicas y códigos QR que permiten retirar medicamentos y realizar exámenes de laboratorio sin costo y en tiempo récord.
Tras una primera etapa exitosa, con 1,1 millones de inscritos y un 97 % de satisfacción, la segunda fase marca un precedente mundial. Ahora, los ciudadanos con enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión, entre otras) contarán con un líder de inteligencia artificial personalizado.
Este asistente realizará un seguimiento constante del expediente digital del paciente, gestionando desde la entrega de fármacos hasta la integración de exámenes médicos para consultas virtuales con médicos reales. Con solo cinco meses de operación, El Salvador se posiciona como el primer país del mundo en implementar un sistema de salud preventivo de esta magnitud.
Mientras en Colombia el gobierno actual y su apuesta electoral parecen enfocarse en beneficiar a sectores cuestionables bajo el marco de la Paz Total, El Salvador consolida un modelo diametralmente opuesto. En nuestro país, crece la preocupación por una posible deriva dictatorial vía constituyente que permita a Gustavo Petro seguir la senda de regímenes como los de Chávez y Maduro.
En contraste, la administración de Nayib Bukele ha comprendido una lógica de Estado eficiente: la seguridad fue el cimiento, la educación es el motor del presente y la salud digital, a través de Doctor SV, es la garantía de un acceso universal con innovación.
Esta estabilidad ha hecho que el mundo pase de la duda a la admiración. Los resultados no son solo sociales, sino económicos: el Banco Mundial ya proyecta un crecimiento del 3,2 % para El Salvador en 2026, una cifra que supera el promedio de América Latina y el Caribe. Es la prueba de que la seguridad jurídica y física son los únicos caminos reales hacia la estabilidad macroeconómica y la prosperidad.
Frente a la experiencia transformadora de la República de El Salvador bajo el liderazgo de Nayib Bukele, insistir en modelos como los que representa Iván Cepeda resulta un auténtico salto al vacío. Es ignorar la lección que nos llega de Centroamérica: en pocos años, y gracias al ejercicio firme de la autoridad contra el crimen, El Salvador logró primero la estabilidad y luego la confianza.
Hoy, ese país es un ejemplo concreto de progreso: la inversión extranjera crece, el turismo bate récords y el Estado se moderniza bajo una base digital y tecnológica.
Pero lo más trascendental es el componente humano: el pueblo salvadoreño recuperó sus calles, su tranquilidad y, sobre todo, su futuro.
De nosotros depende elegir: o seguimos avalando una Paz Total que genera incertidumbre, o recuperamos nuestra democracia siguiendo el ejemplo de determinación que hoy nos da el gobierno de Bukele.
