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La muerte como trofeo

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05.09.2026

Durante la época de la Colonia, especialmente en los siglos XVII y XVIII, la Corona española utilizó la ejecución, el descuartizamiento y la exhibición pública de los restos de algunos condenados como un mecanismo de escarmiento. No todos los ejecutados eran exhibidos públicamente; este acto estaba reservado para los traidores y los cabecillas de las insurrecciones, y tenía un mensaje claro: la muerte es el final seguro de quienes desafiaran al rey, que quería mostrar con esta exhibición que no había perdido el control del territorio ni la autoridad.

En el mundo colonial también se utilizaban las mutilaciones posteriores a la muerte y partes del cuerpo del condenado eran exhibidas en picotas, estacas u horcas situadas en lugares públicos. El caso más emblemático es el de José Antonio Galán. En 1782, la corona española ordenó que la mano derecha de Galán fuera enviada al Socorro, la izquierda a San Gil, un pie a Charalá, otro a Mogotes y la cabeza a Guaduas.

Exhibir la muerte era la comunicación política del poder de la Corona.

En la época de la violencia conservadora y liberal, entre las décadas de 1940 y 1950, la exhibición de cuerpos se convirtió en una advertencia entre “chulavitas”, “pájaros” y guerrillas liberales de quién ostentaba el poder. El “corte de franela”, como se llamaba a los cuerpos cortados por los hombros, o el “corte de corbata”, que exhibía las cabezas con las lenguas colgando por la herida, fueron utilizados como mensajes para sembrar el terror. Otra vez la violencia como mensaje........

© Revista Semana