La estupidez
«Sí, es una vergüenza (…) Pero así está el asunto: nuestra especie avanza a velocidad creciente por una espiral descendente de autodestrucción, porque permitimos que un montón de estúpidos acumulasen demasiado poder». Marcelo Figueras
¿Por qué también los que no nos dedicamos a estudiar la psique humana o la sociedad deberíamos reflexionar acerca de la ignorancia y la estupidez y cómo se manifiestan entre nosotros?¿Por qué importaría conocer cuál es la diferencia entre estos conceptos y cuál es su relación con la mentira y la maldad? Simplemente porque hemos llegado a un punto crítico que exige de nosotros un accionar consciente y colectivo opuesto al de los depredadores que parecen empeñados en llevarnos al abismo.
Solemos sentir vergüenza cuando cometemos una estupidez, sobre todo si hay testigos. Nadie en su sano juicio puede pretender que está libre de incurrir en estupidez. Alguien podría quizás parafrasear a Werner Herzog («la disposición al autoengaño es un componente necesario de nuestra existencia») afirmando que la propensión a comportarse estúpidamente es inherente a la naturaleza de los seres humanos. Pero una cosa es el comportamiento estúpido sin mayores consecuencias de un individuo en su vida cotidiana y otra muy distinta es el estúpido con poder, el empoderado por un grupo más o menos numeroso para regir sus destinos. Y debemos poner el foco sobre ambos, en el estúpido con poder y en el grupo que lo entronizó.
Dietrich Bonhoeffer y Hannah Arendt, él teólogo y ella filósofa, ambos alemanes y nacidos en el mismo año (1906), padecieron los rigores del nacionalsocialismo: él fue asesinado por los nazis y ella debió marchar al exilio. Ambos teorizaron sobre el pensar, la estupidez, la existencia del mal: a propósito de lo primero, en cuanto a la ausencia o renuncia al pensamiento critico. Sobre la estupidez, en los........
