Los capitalistas reconocen que el capitalismo es un desastre
El sistema socioeconómico y político que hoy rige en la inmensa mayoría de países, surgido en Europa hace no menos de cinco siglos, ahora expandido por todo el planeta y -fundamentalmente- difundido y profundamente establecido en las conciencias de casi toda la población mundial, es el capitalismo. En este momento, al lado de las experiencias socialistas que aún perduran, que claramente no están en expansión sino sobreviviendo en condiciones asfixiantes -con la salvedad de China, caso atípico-, se puede autopresentar (absoluto engaño que falsea la realidad) como la expresión máxima del desarrollo, la prosperidad y la libertad humana. De todos modos, más allá de esa narrativa triunfalista propagada en forma exultante, su realidad es muy otra: mientras produce riqueza en forma ininterrumpida, la manera en que la distribuye crea, al mismo tiempo, infinita pobreza y malestar (sobra comida para alimentar bien a toda la humanidad, y más de 20.000 personas diarias mueren de hambre en el mundo por las injusticias sociales, porque esa comida no llega a sus platos). En su forma de actuar atenta contra el medio ambiente -nuestra única casa común- y contra las poblaciones, siendo las guerras siempre un expediente que le permite perpetuarse (válvula de escape en los momentos de crisis). De hecho, el negocio más próspero que existe hoy es ¡la fabricación de armas!, más que el petróleo o la informática. ¿Armas sí y alimentos no? ¿Qué locura es esa? Su estructura misma, su más profunda forma de ser, su ADN constitutivo imposibilita una modificación real que admita el disfrute de ese fabuloso desarrollo científico-técnico en iguales condiciones para todo el mundo. Por todo ello, sin temor a equivocarnos, podemos decir que es un desastre, no ofrece salidas para la humanidad, constituye un atentado contra toda forma de vida.
Ningún capitalista lo va a decir así, abiertamente, pero algo que está ocurriendo con fuerza creciente deja ver que eso es lo que piensan íntimamente los más acaudalados, aquellos que fijan la marcha del mundo. En otros términos: que la sociedad a que se ha llegado con el modelo capitalista puede colapsar catastróficamente en cualquier momento. He ahí el desastre, monumental, sin parangón. Puede hacerlo por varios motivos: 1) la guerra nuclear total, 2) la catástrofe medioambiental en curso, 3) nuevas y más devastadoras pandemias, 4) la explosión enardecida de masas tremendamente descontentas que pueden reaccionar con ferocidad. Ante todo ello, aunque no se lo admita en forma pública, la élite del capitalismo global está preparándose para esconderse.
De momento, al menos que se sepa -los mortales de a pie casi no tenemos información de los secretos que pergeña esa élite- no está planteada la huida hacia otro planeta. Hoy, dado el desarrollo tecnológico con que se cuenta, ello ya dejó de ser ciencia-ficción. De todos modos, a partir de los escasos datos que manejamos quienes no tenemos cuentas de miles de millones ni accedemos a........
