«Tenemos que poner un poco de nuestra parte en la historia»
Esta militante se pregunta en su nuevo libro «La Grande Méthode», publicado en febrero, acerca de la nostalgia que atormenta a las personas poscolonizadas. Propone pistas para reflexionar y para la reconciliación, sobre todo con el hecho religioso. Y todo ello sobre el fondo de una gran epopeya, la de la repatriación del cuerpo de su padre a Argelia.
El cometido que la novelista y filósofa Iris Murdoch asignaba a la literatura era «deshacer el desorden del mundo». Louisa Yousfi también parece haberse dedicado a ese trabajo único que, según ella, consiste en reorganizar «esta alarmante masa informe». La habíamos dejado después de un magnífico ensayo publicado en 2022, Seguir siendo bárbaro (1). Retomando a su manera «la barbarie» del escritor argelino Kateb Yacine, Louisa Yousfi proponía en ese ensayo un cambio radical del estigma, que convertía al denigrado bárbaro (2) en una figura persistente del cuestionamiento y del rechazo que las personas descendientes de la inmigración en Francia estaban invitadas a reivindicar.
Volvemos a encontrar a esta militante decolonial de 38 años, cuyo pensamiento político se forjó en la estela del movimiento Indigènes de la République (3) con ocasión de su obra La Grande Méthode (La Fabrique, 2026), un relato íntimo que se pregunta acerca de la muerte, la identidad y el exilio. A partir de ahí la autora bosqueja en una veintena de capítulos polifónicos un gran lienzo en el que se entremezclan la política, lo sagrado y la literatura: Argelia, la colonización, la inmigración, la lengua recibida (el francés) y la que se le escapa (el árabe).
El punto de partida es sencillo: una familia de origen argelino repatria el cuerpo del padre a su tierra natal. Siguen esos gestos y esas decisiones que se toman en la precipitación del duelo, pero cada uno se convierte entonces en una epopeya. El paso obligado por el consulado argelino, donde cada funcionario encarna a un guardián del templo que controla la pureza de aquellas personas que quieren entrar en el territorio. El vuelo de repatriación del cadáver del difunto da lugar a una sentenciosa advertencia por parte de la azafata, transformada a su vez en una sacerdotisa aérea. El choque se produce en suelo argelino. Los hijos del difunto, los «z’immigrés» (4) como se dice ahí, se encuentran con una parte desconocida de sí mismos. Su melancolía se recibe con incomprensión, si no con ironía, en ese «bled» mitificado por las personas descendientes de la inmigración.
La mezcla de dos mundos (el argelino y el francés), de dos trayectorias (el exilio y el arraigo), de dos historias (la argelina y la francesa) impone un tempo dual a un libro que también es un homenaje a la oralidad. Quedan las preguntas cuyas respuestas planean como el vuelo de un pájaro, nunca definitivas, nunca definidas. ¿Cómo contar la historia de un padre que no la ha transmitido? ¿Cómo hablar una lengua que no se ha aprendido? ¿Cómo ser honesto frente a una epopeya, la de la guerra de liberación argelina, que libera tanto como abruma? «¿Por qué crees que yo he buscado en todas partes estar a la altura, excepto ante vosotros; que he buscado en los libros, en la política, en todos los demás espacios posibles llegar a la verdad que, sin embargo, tenía ante mis ojos?», escribe Louisa Yousfi a su madre.
Sorprende la respuesta última a estas preguntas. La autora, militante decolonial declarada, abandona la mera racionalidad política para sumirse en la trascendencia, incluso en el misterio reivindicado. En un gesto de cambio radical que puede desorientar, no ofrece ya ninguna respuesta definitiva, como en su muy político primer ensayo, sino que apela más bien a lo inefable, que opera cuando el lenguaje pierde su capacidad de nombrar la efusión de estos planteamientos.
«El deseo de trabajar a partir de grandes cuadros»
Hassina Mechaï: Me gustaría empezar por la forma de su libro.Aunque el relato impone una linealidad, la división en capítulos casi independientes, con formas y estilos diferentes, crean un libro en constantes bifurcaciones, ¿por qué ha elegido esta forma?
Louisa Yousfi: Más que hablar de elección, mencionaría una práctica. Esta forma surgió en el momento de la escritura, antes yo no tenía ninguna ambición formal. Pero en el momento de escribir se me impuso el deseo, incluso la necesidad, de trabajar a partir de grandes cuadros. No sabía todavía qué iba a unirlos unos con otros. Ha sido necesario hacer un trabajo de montaje. En el fondo este libro está más compuesto que escrito. Llegó a ser evidente poner tal capítulo al lado de tal otro.
Estos grandes cuadros comportan ellos mismos tres dimensiones o tres formas. En primer lugar, el relato, que es el hilo conductor más evidente. Cuento la repatriación del cuerpo de mi padre a Argelia. En un segundo momento me alejo de este relato-testimonio para tener una «visión» propicia al juego de la interpretación múltiple, sin duda también para protegerlo de las miradas intrusivas. No quería un efecto de exhibición. Necesitaba respetar........
