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La nueva frontera del capital: una lectura política de la Cuarta Revolución Industrial

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18.07.2026

Desde el siglo XVIII hasta la actualidad, la industria capitalista ha atravesado sucesivas transformaciones técnicas y tecnológicas que no responden a un simple interés de modernización, sino a una necesidad orgánica del capital, que es aumentar la productividad para sostener y acrecentar su propia acumulación en el tiempo. Aunque no toda innovación alcanza ese carácter transformador, porque no cualquier mejora parcial de un proceso productivo altera su estructura de fondo. Solo cuando ocurre un avance técnico que rompe ese proceso desde su base se abre un quiebre irreversible en la forma de producir, un punto donde ya no es posible volver a la manera anterior de hacer las cosas porque el propio fundamento de la producción cambió. Ese quiebre histórico no se limita a la técnica, arrastra consigo a la vida social en su conjunto, que se ve obligada a reacomodarse frente a ese nuevo modo de producir. Cuando estos avances superan la innovación puntual y reorganizan de manera irreversible tanto la producción como la vida social en función de la necesidad de acumulación que mueve al capital, estamos frente a lo que se conoce como revoluciones industriales.

En el pasado, esas revoluciones industriales intervinieron sobre dimensiones distintas de la capacidad productiva del trabajador, aunque compartieron un mismo fondo, sustituir progresivamente el esfuerzo físico humano por una fuerza externa a él. La primera avanzó sobre la fuerza muscular mediante la máquina de vapor, la segunda sobre la energía disponible para la producción en serie mediante la electricidad y el motor de combustión, y la tercera sobre la ejecución misma de las tareas mediante la automatización electrónica, de manera que el rol del trabajador se fue transformando dentro del proceso productivo mientras la máquina absorbía la función que antes cumplía el músculo. La revolución en la que nos encontramos actualmente, además de seguir por el camino de las anteriores, avanza sobre algo mucho más personal e íntimo que ninguna revolución anterior había logrado capturar de esta forma, la capacidad cognitiva que hasta hace un tiempo pertenecía solo al ser humano. Por esta razón, la Cuarta Revolución Industrial no puede entenderse como una simple continuación de aquellas revoluciones industriales anteriores, sino como un salto que cambia el propio objeto sobre el cual el capital busca ejercer su apropiación.

La Cuarta Revolución Industrial se sostiene sobre la base de la interconexión de diferentes tecnologías que se han desarrollado en las últimas décadas. Una de las más conocidas y decisivas es la inteligencia artificial, un sistema que no genera conocimiento desde la nada, sino que se sostiene sobre dos formas de conocimiento social, uno acumulado y otro vivo. El primero es aquel que se fue sedimentando durante generaciones a través de los saberes que la humanidad fue construyendo mediante la ciencia, la técnica, el lenguaje y la cooperación colectiva, un fondo que opera como la base de los sistemas de inteligencia artificial que hoy conocemos. El segundo es aquel conocimiento que se produce........

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